leccion de felpa

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Felix era una criatura de luz pura. Su mundo estaba hecho de colores pastel, melodías suaves y una bondad que a veces rozaba lo ingenuo. A sus dieciocho años, su conocimiento sobre el mundo físico era tan limitado como su experiencia con la oscuridad. Nunca había sentido la necesidad de explorar su propio cuerpo; la simple idea le provocaba un calor extraño en las mejillas que prefería evitar. Su amistad con Hyunjin era su ancla, un faro de complicidad en un mundo que a veces no entendía.

Hyunjin, por otro lado, era la personificación de las sombras que Felix no conocía. Detrás de su sonrisa encantadora y su aire artístico, se escondía una mente perversa y fetichista, un coleccionista de secretos y corruptor de inocencia. Y la inocencia de Felix era su obra maestra, su mayor deseo. Anhelaba ser el primero, el único, en manchar esa pureza, en enseñarle los placeres que su cuerpo podía ofrecer.

La oportunidad se presentó en forma de un proyecto de biología. La profesora, en un acto de casualidad cruel, los emparejó. "Necesito que investiguen sobre respuestas neurológicas a estímulos externos," había dicho, entregándoles una pila de libros.

Esa tarde, en la habitación de Hyunjin, el ambiente era denso. Felix estaba concentrado, subrayando su libro con una seriedad adorable. Hyunjin, en cambio, lo observaba por encima de su propio libro, su mirada devorando cada pestaña, cada movimiento de sus labios.

"Lixie," dijo Hyunjin, rompiendo el silencio con una voz casual que era cualquier cosa menos casual. "Vi un video muy interesante el otro día. Para la... relajación. Ayuda a concentrarse mejor."

Felix levantó la vista, sus ojos grandes y curiosos. "¿De veras? ¿Qué tipo de video?"

Hyunjin se encogió de hombros, tratando de parecer despreocupado. "Algo técnico. Decía que hay una forma de... masajear un punto de presión para liberar endorfinas. Es mucho más efectivo si te sientas y das pequeños brinquitos sobre algo con la textura correcta. Como el hocico de uno de esos ositos de peluche."

El corazón de Hyunjin latió con fuerza. La mentira era tan absurda, tan específica, que casi se reía. Pero la mirada de Felix era de pura credulidad.

"¿En serio?" preguntó Felix, su ceja fruncida en un esfuerzo por entender. "¿Y eso ayuda con el proyecto?"

"Claro," afirmó Hyunjin, con toda la convicción que pudo reunir. "Libera la mente. De hecho, tengo un osito por aquí que sería perfecto."

Se levantó y fue a su armario, sacando un oso de peluche de felpa marrón, un regalo que había guardado precisamente para una fantasía como esta. Lo arrojó a la cama junto a Felix. "Prueba. Te sentirás increíble."

Felix dudó por un segundo, su instinto le decía que algo no era del todo correcto, pero su confianza en Hyunjin era absoluta. Si su amigo decía que era para estudiar mejor, debía ser verdad. Con una delicadeza natural, se quitó los jeans y la ropa interior, dejando al descubierto sus piernas pálidas y delgadas. Hyunjin contuvo la respiración, sus ojos fijos en el pequeño vello dorado que bajaba desde su ombligo.

Felix se arrodilló en la cama, con una timidez adorable, y se posicionó sobre el osito. El hocico de felpa rozó su piel, y él se estremeció ligeramente.

"¿Ahora qué?" susurró, mirando a Hyunjin con ojos inseguros.

"Pequeños brinquitos," instruyó Hyunjin, su voz ya más grave. "Arriba y abajo. Sin pensar, solo siéntelo."

Felix obedeció. Se balanceó suavemente, su peso descansando sobre el hocico del osito. Al principio, solo sintió la textura suave. Pero después de unos pocos movimientos, una sensación extraña y cálida comenzó a extenderse desde su entrepierna. Era un hormigueo, una corriente eléctrica que lo hizo detenerse.

inocencia rota Stories to obsess over. Discover now