"Por eso, déjame concederte tu deseo."
Las palabras salieron con menos peso del que habían tenido dentro de mi pecho. Tal vez porque las había cargado demasiado tiempo. Un año, más o menos. Un año entero rumiando cómo decir algo que, en su forma más honesta, era bastante simple: *voy a ir hacia otro lugar, y ese lugar no eres tú.*
Pero no podía decirlo así. Nadie puede. Así que lo envuelves en la mecánica de un concurso absurdo, en la sintaxis de deseos y obligaciones, y te dices que estás siendo considerado cuando en realidad solo estás siendo cobarde de una manera más elaborada.
Yuigahama plantó sus pies en el suelo. El columpio dejó de mecerse. Las cadenas emitieron un último quejido metálico y luego silencio —ese tipo de silencio que tiene textura, que ocupa espacio, que te obliga a notar exactamente dónde están tus manos y qué tan rápido late tu corazón.
Esperé su respuesta. La lista de cosas que quería: la fiesta, el baile, la celebración de Komachi, el tiempo compartido. Las cosas seguras. Las cosas que ambos podíamos nombrar sin que el aire se volviera difícil de respirar.
Pero Yuigahama no dijo nada de eso.
Me miró. No con la sonrisa que usaba para suavizar ambientes, ni con esa expresión de perplejidad deliberada que ponía cuando algo la incomodaba y quería parecer despistada. Me miró con algo que no le había visto antes, o que tal vez le había visto cientos de veces y había decidido, sistemáticamente, no registrar.
"Hikki."
Su voz sonó diferente. Más baja. Sin la inflexión ascendente que siempre la hacía sonar como si estuviera preguntando algo incluso cuando afirmaba. Esta vez era plana, casi quieta, como la superficie de un lago antes de que algo la rompa.
"Sé lo que estás haciendo."
No respondí. No porque no tuviera respuesta —mi cerebro ya estaba generando tres versiones de una deflección irónica— sino porque la forma en que lo dijo canceló todas.
"Siempre lo sé," continuó. Bajó la mirada a sus manos, que seguían agarrando las cadenas del columpio. "Crees que no me doy cuenta, pero siempre me doy cuenta. Leo las cosas, ¿sabes? A las personas. A ti."
Eso era cierto. Irritantemente cierto. Yuigahama poseía esa clase de inteligencia que no se traduce en exámenes ni en argumentos estructurados pero que funciona con una precisión que a veces me resultaba casi obscena. Sentía las corrientes antes de que se formaran olas. Lo había observado docenas de veces sin admitirlo del todo.
"Estás a punto de decirme algo amable," dijo. "Algo que suene como que me estás dando algo, pero que en realidad es la forma en que te despides. ¿No es así?"
El café frío en mi mano de repente se sentía muy pesado.
"Yuigahama, yo—"
"Déjame hablar." No lo dijo con agresividad. Lo dijo como alguien que ha ensayado un discurso mil veces en la ducha y sabe que si se detiene ahora no podrá empezarlo de nuevo. "Solo... déjame hablar, ¿está bien? Después puedes ir. Después puedes ir a donde tengas que ir."
*A donde tengas que ir.* Lo dijo así. Como si supiera exactamente a dónde, y hacia quién.
Me quedé en la valla. No me moví. Supongo que eso fue mi forma de decir *adelante*, porque hablar me habría requerido una valentía que en ese momento no tenía.
Yuigahama soltó las cadenas del columpio. Se levantó. Dio un paso hacia mí, y se detuvo. La luz de la farola la iluminaba desde un ángulo que hacía que su sombra se estirara mucho más allá de donde estaba, como si una parte de ella ya se estuviera yendo.
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Yui Yuigahama se rinde (reescrito)
Fanfiction¿Qué sería lo genuino si cambiara una sola decisión? En el canon de *Oregairu*, hay un momento en un parque donde Hachiman va a conceder el deseo de Yui y cerrar un capítulo. Ella lo deja ir. Él camina en la dirección que siempre caminó. Este AU pre...
