PRÓLOGO

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Mis padres fueron el ejemplo perfecto de que el "para siempre" es solo una forma elegante de decir "hasta que duela demasiado"

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Mis padres fueron el ejemplo perfecto de que el "para siempre" es solo una forma elegante de decir "hasta que duela demasiado".

Crecí en una casa donde las discusiones formaban parte de la rutina. No importa cómo empezasen, siempre acababan igual: voces que subían sin control, palabras que dolían más de lo que deberían y puertas que se cerraban con una fuerza que hacía temblar todo a su alrededor.

Después, escuchaba el llanto. Uno que intentaba esconderse tras paredes demasiado finas. Y luego, el silencio, que pesaba más que cualquier grito. De esos que duran días y te hacen sentir que algo se ha roto.

Yo lo notaba antes de que pasara. En la forma en la que mi madre apretaba los labios. En cómo mi padre dejaba de estar, incluso estando ahí.

Pero no siempre fue así.

Hubo un tiempo en el que reían. En el que mi madre no tenía los ojos cansados y mi padre no parecía cargar con algo que yo no podía ver.

No recuerdo exacto el momento en el que todo cambió, sin embargo sé que fue lento, como una casa que se va quedando sin luz, habitación por habitación. Mi padre se sentaba frente a mí, pero su mirada parecía estar en otro lugar, en uno al que yo no podía llegar. Y mi madre... intentaba sostenerlo todo, hasta que simplemente ya no pudo más.

Y en medio de todo eso... estaba yo.

Aprendiendo a no hacer ruido. A no preguntar. A entender sin que nadie me explicara nada. A recoger los pedazos que no eran míos. A fingir que todo estaba bien, incluso cuando el aire se volvía imposible de respirar.

Me enseñaron que el amor era aquello.

Era romperse y quedarse.

Era doler y no irse.

Era perderse sin saber cómo volver.

Y un día, simplemente, mi padre se fue.

Sin promesas. Sin explicaciones. Sin hacer más ruido que el de una puerta cerrándose por última vez. Y lo que quedó no fue solo tristeza, sino un vacío que se instaló en cada rincón de la casa... y dentro de mí.

Por eso, durante mucho tiempo, pensé que el amor era así: algo que empieza siendo hogar y termina convirtiéndose en ausencia.

Hasta que apareció él.

No llegó para salvarme.

Pero, de alguna manera, se convirtió en el refugio que nunca supe que necesitaba.

Pero, de alguna manera, se convirtió en el refugio que nunca supe que necesitaba

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Antes de ser valientes ©Stories to obsess over. Discover now