Un paso.
Luego otro, y después, otro más.
El silencio consumía el chapoteo de las gotas sobre las ventanas de la casa. Ella estaba sentada, en una esquina de su cama, acurrucada, con miedo. Mirando la figura extraña que se hacía y deshacía entre las sombras.
Podría ser una ilusión, a favor de la imaginación de la pequeña. Pero se sentía real. Tan real que podía ver cómo las garras rascaban las paredes del dormitorio con fuerza, las risitas, los inaudibles pasos que marcaban su marcha por todas partes del lugar.
Ella lloraba, en silencio, tapada con la manta, casi todo su cuerpo, excepto su rostro. Este estaba pálido; sus bonitos ojos color avellana casi se salían de sus cuencas.
¡Dientes! Trillaban sus huesudos cuerpecitos entre ellos, de una manera escandalosa. ¿Cómo es que nadie lo oía?
¡Ahí estaba! El monstruo. La criatura esa que le sonreía desde su puerta, echando un líquido espeso y negro de su boca, con sus ojos grandes e indescifrables. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. Mirándola. A la niña.
La niña se agarraba a las sábanas. Esa esencia oscura quería despojarla de su única protección, la manta infantil de coralina en las que ella había encontrado ese consuelo que jamás recibía al despertar. Ella pateaba, con fuerza, gritaba, lloraba, temía por su vida como si esa fuera la última.
¿Por qué alguien iba a tener más de una vida?
Eso era irracional.
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Siempre es difícil poner límites. El mundo es uno, y es una la vida.
La actividad más dulce y celestial participa en alguna medida de la violencia;
por ejemplo, el acto amoroso, o la música.
La naranja mecánica de Anthony Burgess
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Señor, apiádate.
FantastiqueSinopsis: Y en la claridad de la noche su voz es mi tormento, oh, maldad de las doce, quiero vivir tu momento. Esa desesperada canción que danza entre tus labios, y con doloroso desasosiego se posa en mis brazos.
