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Capítulo 1: Un lugar propio

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Naruto Uzumaki llegó a Tokio con una maleta demasiado llena para alguien que juraba no necesitar casi nada en esta nueva etapa de su vida.

La estación lo recibió con su ruido habitual, anuncios metálicos, pasos acelerados, conversaciones superpuestas por todos los usuarios. Todo avanzaba con prisa, como si la ciudad no tuviera tiempo para detenerse a observar a nadie. Naruto, en cambio, se tomó un segundo, observando todo.

Respiró profundamente. Había logrado llegar hasta ahí. No fue fácil. Nunca lo era con Kushina. Su madre tenía una forma muy particular de apoyar; empujando hasta que ya no quedara opción de retroceder. La universidad, el cambio de ciudad, el departamento..., todo había sido decidido con una mezcla peligrosa de amor, previsión y desconfianza.

Especialmente mucha desconfianza hacía su hijo...

-Un año -le dijo Kushina antes de despedirse-. Te dejamos el departamento pagado por un año. Después de eso, te haces cargo tú.

Naruto asintió. No discutió. Sabía que ese "regalo" tenía condiciones invisibles.

-Y no quiero problemas -añadió ella-. Nada de fiestas eternas, nada de mujeres entrando y saliendo, nada de distracciones, quiero que te concentres y seas un profesional.

Naruto prometió, como siempre. Ahora, de pie frente a la salida de la estación, ajustó la correa de su mochila y dejó que una sonrisa lenta se dibujara en su rostro. Tokio se extendía ante él; edificios altos, luces incluso de día, calles llenas de historias que no le debían nada a nadie...

Mientras caminaba, le regaló una mirada rápida a una jóven que pasó a su lado, levantó las cejas y asintió despacio. Sí Tokio tenía bellezas como esas, sería muy difícil cumplir con su promesa.

-Esto será muy difícil, dattebayo -medio murmuró el rubio, mirando como aquella chica movía sus caderas .

Se sintió libre por fin luego de tanto tiempo. Tomó un taxi después de revisar la dirección en su celular. El trayecto fué silencioso. Observó la ciudad desde la ventanilla como si fuera una película, gente caminando rápido, cafés escondidos entre edificios, balcones con plantas luchando por sobrevivir al concreto.

Pensó que podía acostumbrarse a eso...
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El edificio donde viviría de ahora en adelante era más modesto de lo que imaginaba. No viejo, pero tampoco lujoso o super lujoso. Era limpio y ordenado, pero sobre todo era funcional. El tipo de lugar que Kushina consideraría "adecuado" para su hijo mayor.

Subió por el ascensor con la maleta a sus pies y una sensación extraña en el pecho. No eran nervios, era expectativa. El departamento estaba en el quinto piso.

La llave giró sin resistencia. Naruto entró. El lugar olía a limpieza reciente y a nada más. Un silencio nuevo, distinto al de la casa de sus padres. Aquí no había voces, ni relojes familiares, ni ruidos conocidos. Solo espacio. Dejó la maleta junto a la puerta y recorrió el departamento con calma.

Una pequeña sala, cocina integrada, un dormitorio con ventana amplia, un baño sencillo. Muebles básicos. Todo pagado y todo listo para él. Todo suyo.
Se sentó en el sofá y dejó caer la cabeza hacia atrás.

-Nada mal..., mamá, nada mal -murmuró el jóven rubio.

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía a nadie observándolo. No había expectativas inmediatas, ni recordatorios, ni advertencias constantes. Solo él y la ciudad, mirándose de frente. Sacó su celular, era un mensaje nuevo.

"Avísanos cuando estés instalado. Y recuerda lo que hablamos"

Naruto soltó una risa baja.

"Ya llegué. El lugar está bien, no te preocupes"

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