Introducción

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El despertador sonó a las 7:00 en punto, rompiendo el silencio de la habitación.

Clara abrió los ojos lentamente, como si despertarse requiriera más esfuerzo del que debería. Durante unos segundos se quedó mirando el techo blanco, observando una pequeña grieta que llevaba meses allí, la conocía tan bien que podía seguir su forma con la mirada sin siquiera pensar.

Afuera todavía estaba medio oscuro. La luz gris de la mañana entraba por la ventana entreabierta, iluminando débilmente el escritorio lleno de cuadernos, un par de libros y una taza que había olvidado recoger la noche anterior, el despertador volvió a sonar y Clara estiró el brazo y lo apagó sin levantarse, se quedó quieta, muy quieta.

Sabía que tenía que levantarse, que dentro de menos de una hora tendría que estar en el instituto, sentada en su pupitre como cualquier otro día. Pero su cuerpo parecía pesar más de lo normal, como si una fuerza invisible la empujara hacia el colchón y suspiró.

-Vamos... -murmuró en voz baja, aunque no parecía muy convencida.

Finalmente se sentó en la cama y pasó una mano por su pelo desordenado. Su habitación estaba exactamente igual que siempre, las fotos pegadas en la pared, la lámpara pequeña sobre la mesilla y la mochila tirada en el suelo desde el día anterior, simplemente todo era normal y sin embargo, algo dentro de ella no lo era.

Tomó el móvil de la mesilla. La pantalla se encendió con varias notificaciones del grupo de clase. Mensajes rápidos, memes, planes para el fin de semana, Clara los leyó sin escribir nada.

No sabía muy bien cuándo había empezado a sentirse así. Tal vez hacía meses, tal vez más tiempo, se sentía como si una nube silenciosa se hubiera instalado en su cabeza poco a poco, hasta ocupar demasiado espacio, había días mejores y días peores.Pero últimamente los peores parecían ganar.

Se levantó finalmente y caminó hasta la ventana. La calle estaba tranquila. Algunas personas iban deprisa hacia el trabajo y un autobús pasó por la esquina dejando un ruido suave de motor, el mundo seguía funcionando como siempre.

Clara apoyó la frente contra el cristal frío y cerró los ojos unos segundos. Respiró hondo, intentando calmar ese nudo extraño que a veces aparecía en su pecho sin avisar, había leído en internet que respirar profundo ayudaba.
Inhalar, exhalar y otra vez a empezar.
Cuando abrió los ojos, el reloj marcaba las 7:14.

-Otro día... -susurró.

No sabía exactamente por qué, pero últimamente cada día parecía un pequeño desafío y aunque nadie más lo notara, para ella levantarse de la cama ya era una pequeña victoria.

Solo un libro normalWhere stories live. Discover now