NUEVO COMIENZO
Aurora Blake
La maleta abierta sobre la cama parece demasiado pequeña para todo lo que estoy a punto de dejar atrás.
El apartamento está en silencio. Melanie ya no está molestando con sus canciones colombianas ni con su intenso perfume de pachulí. Se fue hace tres días, y su ausencia me genera una extraña incomodidad. No es que no sepa vivir sola; simplemente estaba acostumbrada a su presencia, y ahora que no está, el espacio se siente diferente.
El silencio del apartamento solo se rompe con el sonido de la cremallera al cerrarse y el tráfico lejano de Boston que se filtra por la ventana. Durante años, esta ciudad ha sido mi hogar, y la idea de marcharme resulta extraña.
El hospital. Las guardias interminables. Los cafés a las dos de la madrugada después de una cirugía de urgencia. Ser cirujana ha implicado muchos sacrificios, pero es algo que amo. Todo lo que he hecho durante estos años ha girado en torno al hospital.
Hasta ahora.
Ajusto las últimas cosas y tomo la maleta de la cama. A mi alrededor hay cajas medio vacías. No tengo demasiadas pertenencias; la mayor parte de mi vida siempre ha estado en el hospital.
Mi apartamento nunca ha sido especialmente personal. Apenas hay decoración: un par de libros médicos en una estantería, algunos artículos científicos impresos, una fotografía antigua de mis hermanos y yo en la playa cuando éramos niños.
La tomo entre las manos. En la foto estamos los tres cubiertos de arena, con el mar detrás. Adrián está de pie detrás de nosotras, con una mano en cada uno de nuestros hombros como si estuviera asegurándose de que nadie pudiera acercarse demasiado. En la foto tengo el cabello castaño largo, despeinado por el viento. Marina aparece delante, pequeña, con el cabello rubio claro y esa sonrisa enorme que siempre ha tenido. Nuestros ojos son iguales; azules intensos.
Guardo la foto en la maleta. Justo entonces suena el timbre, cosa que me hace fruncir el ceño ya que no espero a nadie.
Camino hasta la puerta y al abrirla me encuentro con ellos.
Marina es la primera en hablar.
—Sabía que ya tendrías casi todo hecho —grita y despierta hasta a los gatos de los vecinos. Aunque ya sea mayor siempre será mi hermana pequeña.
Tiene el cabello rubio recogido de cualquier manera y lleva un abrigo demasiado grande para ella. Sus ojos azules brillan con emoción.
Detrás está Adrián.
Mucho más alto que ella y que yo, con su habitual expresión seria y sus hombros anchos y, por supuesto, su postura firme. Siempre ha tenido ese aire de alguien que parece estar evaluando constantemente lo que ocurre a su alrededor, es imposible olvidar que es mi hermano mayor, y desde que éramos niños se ha tomado su papel de protector demasiado en serio.
—¿Pensabas irte sin despedirte? —dice alzando las cejas.
—No pensaba irme sin despedirme —obviamente era lo que iba a hacer, ya que sabía que si me despedía de ellos podría llorar.
—Te conocemos —responde Marina entrando ya en el apartamento.
Adrián pasa detrás de ella y cierra la puerta.
Durante unos segundos los tres nos quedamos en el salón mirando la maleta abierta y algo dentro de mí se vuelve extraño en ese momento; una sensación silenciosa de despedida que ninguno quiere mencionar.
Pero, por supuesto, Marina es la primera en romperla.
—No puedo creer que vayas a trabajar a los Alpes —dice con emoción.
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Fuera de protocolo
FanfictionEn el corazón de una instalación secreta donde se coordinan algunas de las operaciones más peligrosas del mundo, nada queda al azar. El Helix Command Center reúne a operativos de élite, analistas de inteligencia y médicos capaces de trabajar bajo un...
