Petunia Evans siempre soñó con tener una hija. La vida le regaló un hijo. ¿Quizás el hijo de su hermana fallecida podría hacer realidad el sueño que Petunia tanto anhelaba?
ADVERTENCIA
Esta historia no me pertenece, yo solamente la traduzco.
Todos...
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Toda niña sueña con ser princesa desde pequeña. Ser bella como una flor, gentil y grácil, vivir en un castillo, envuelta en el amor de un príncipe. Petunia Evans no era la excepción; ella también soñaba con un apuesto príncipe sobre un caballo blanco que la llevaría como una bella princesa a un enorme castillo con una increíble cantidad de decoraciones y dorados.
Pero la vida le demostró a Petunia desde muy joven que no todas las chicas pueden vivir en castillos con príncipes, sino solo aquellas que "nacieron princesas". Y ella, Petunia, no era así.
A diferencia de su hermana menor, la pelirroja y sonriente Lily, a quien todos siempre quisieron. Más que Petunia.
Petunia también intentó ser especial, convertirse en una "princesa", para que sus padres le sonrieran con ternura y cumplieran sus deseos. Para que también tuviera cosas inusualmente hermosas y secretos que no todos pueden conocer.
Pero la princesa Lily y su desagradable príncipe Snape la ridiculizaron por su carta a la escuela de magia. La carta que le robaron mientras rebuscaban entre sus cosas ...
Después de eso, Petunia decidió que era mucho mejor para ella ser la más común y corriente , y no una princesa extraña que se comportaba de forma tan repugnante con su propia hermana. Dejó su Cokeworth natal para ir a Londres a estudiar, consiguió un trabajo allí y allí conoció a Vernon Dursley. Era el más común, siempre vestido de gala, con un pensamiento preciso e incluso predecible en sus acciones. Petunia quedó completamente prendada de su no príncipe y se casó felizmente con él, instalándose en la casa más común del suburbio más común de Londres y formando parte de la familia más común.
Nada de rarezas locas, "princesas" extravagantes e insolentes y sus repugnantes "príncipes".
Pero los sueños de lo bello e inalcanzable aún vivían en lo más profundo de su corazón. No para ella, sino para su hija. Petunia soñaba con una hermosa niña a la que vestiría con preciosos vestidos, le enseñaría a hablar con suavidad e impecable cortesía, con la que irían de compras y cocinarían juntas, cuidarían del jardín y de la casa, leerían novelas de Jane Austen y Charlotte Brontë por las noches y bordarían estampados florales en pañuelos. Su pequeña crecería sin duda para ser una belleza y una auténtica dama inglesa, siempre consciente de la etiqueta y la cortesía, capaz de cultivar el jardín más hermoso de toda la ciudad, hornear pasteles los fines de semana y tocar el violín por las noches. Estos pensamientos siempre dibujaban una tierna sonrisa en el rostro de Petunia.