Cementerio de gatos

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     Cuentan que eras una gata muy astuta que siempre, cuando podías, ayudabas a los animalitos, especialmente a los perritos callejeros que los humanos siempre abandonaban, y por supuesto que yo era uno de ellos. Cuentan además que cuando era cachorro, siempre te conmovías al verme, decías que tenía algo especial que me hacía diferente a todos; no sé qué tan cierto sea eso, porque también se lo decías a muchos más; siento que solo lo decías para que tuviera fuerzas o algo por el estilo, porque en mí no hallo nada, solo una gran pereza de vivir. En ningún momento deseo eso, porque significaría que todo tu esfuerzo sobre mí habría sido en vano. Pero eres para mí la mejor madre del mundo. No recuerdo aquellos momentos donde estuviste conmigo cuando era cachorro. Siempre llegabas en las noches a casa y te preguntaba a dónde fuiste. A veces no respondías y otras veces me callabas con un beso en la frente, de esos que adoro completamente.

Te he prometido muchas cosas y ninguna he cumplido; tal vez no debí prometerte nada, pero te vitan débil que lo único que podía hacer era prometerte ser un buen cachorro en un mundo de bestias que intentan devorarme. Muchos ni se acuerdan de tu nombre, y a los pocos que pudiste ayudar ni siquiera recuerdan tu rostro. Solo una vez me dijiste tu nombre, me dijiste esa vez donde las cuatro paredes me sofocaban —me dijiste que te llamabas «Bama», "la gatita más sonriente del mundo" -. La verdadera razón de por qué hoy vengo a visitarte en tu tumba es para darte las gracias y no podría terminar de darte las gracias, aparte porque fuiste tú quien me salvó de morir, me enseñaste a sonreír en momentos de tristeza porque no había qué comer, te convertiste en mi mejor amiga y en una madre, es mi madrecita, en mi mamita; estaba perdido entre tanta maldad.

Muchos gatos negros fueron echados al fuego por creencias absurdas. Les juro que ellas no eran como les dice todo el mundo, «brujas». Sí, hace poco conviví con una gatita negra; tenía un corazón tan hermoso, pero no fue hasta que la última vez que la vi fue quemada; hallaba cenizas de mucho llanto y dolor. Desde entonces, Bama, te convertiste en mi mejor amiga, en alguien que siempre buscaría en todas partes. Pasamos muchos momentos juntos, ¿lo recuerdas? Decías haberte sentido mal por las muertes de aquellos que no pudiste salvar, aunque era evidente que nada de eso era culpa, pues todo era de esos seres superiores que nos hacían toda clase dehorrores, y en nuestros corazones rezaba que, por favor, esto parara de una vez.

Te quiero contar todo lo que pienso y siento; que una vida no es suficiente, no podría alcanzar todas las cosas que me han sucedido estas últimas veinticuatro horas. Me estaba muriendo, buscándote por todos lados, aullando como un lobo, pensando en cómo darte la luna, pensando en cómo llorar sin que nadie lo note, hacer todo lo posible por ocultar estas heridas que han ido creciendo conmigo.

Te cuento que casi nunca me llamabas por mi nombre; casi siempre me llamabas por formas bonitas, como «mi nubecita», «mi angelito», o simplemente me decías «blanca», entre otros que me parecían muy bonitos como para alguien como yo porque soy de color negro, mientras que tú eras completamente blanca. Me llamaste así porque para ti el color no definía nada y para recordarte siempre cuando alguien me llamaba por mi nombre que me pusiste. Me enseñaste a comer, me enseñaste a caminar, me enseñaste a dormir sin tener miedo a los monstruos cuando era de noche.

Me enseñaste todo lo necesario para sobrevivir; ahora lo entiendo. No sabía lo que por dentro te pasaba. Ahora lo sé y es demasiado tarde, por eso siempre te busco a pesar de que ya hayas muerto, porque aún no puedo sacar este remordimiento y decirlo en tu pecho.

Te busco donde nadie más busca, en los mares, en las cosas irrelevantes, en las pinturas de un pintor que lo único que pintan son gatos cada vez más deformados; también te busco en los sueños de los demás, en mis deseos, en las calles abandonadas, en los caballos que corren hasta morir, en casi todos lados; solo me falta ir al espacio y buscarte entre las estrellas, debajo de cada piedra, donde seguramente te encontraré postrada en una sillita descansando.

Busco a mi amiga Stories to obsess over. Discover now