determinación y mansedad

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Ser adulto sin duda fue el deseo más estúpido que tuve de niño. Los adultos creen que hacen lo mejor para los niños, pero no siempre es así…

En un país lejano el gobierno creó una ley indicando que todos los niños, a partir de su
séptimo cumpleaños, están obligados a ser internados en escuelas formativas y pasar ahí hasta cumplir los dieciocho. El propósito de esta ley era formar nuevas generaciones con una ideología especifica dictada solo por ellos, que crearía ciudadanos nuevos, fuertes y obedientes.

Unos años después de la ley establecida nació en un pueblo un niño inquieto, pacífico,
algo temeroso y muy determinado, llamado Lucas. Como los padres ya sabían el horrible
destino de su hijo cuando cumpliera siete años, procuraron mantener en secreto la
existencia de Lucas de sus demás vecinos, amigos e incluso familiares. Tenían todo un plan para esconder a su hijo.

Los años pasaron y Lucas fue creciendo, unos cuantos días después del cumpleaños
número siete de Lucas, la policía se presentó en su casa, directo a buscarlo, llevaban su
registro de nacimiento, dado por el hospital. Los padres llevaron a Lucas al sótano y lo
encerraron en un pequeño armario escondido en una pared, creado para tal fin.

El sótano estaba sucio, lleno de polvo y telarañas. Los policías buscaban desesperadamente a Lucas
para llevárselo. Los padres negaban la existencia de algún niño en su hogar, no
reaccionaban con pánico si la policía les insistía, intentaban convencerlos de que no
tenían ningún hijo.
Pero funestamente en el armario había una araña, y Lucas no era tan valiente si hablamos de insectos. La araña se paró en frente de Lucas, apenas unos centímetros separado de su
cara. Lucas lanzó un alarido tan fuerte que se escuchó hasta en el piso de arriba. Los
policías fueron derecho a donde escucharon el grito, la madre de Lucas comenzó a llorar y asuplicar que no se llevaran a su hijo. Con gran velocidad, bajaron las escaleras y
golpearon las paredes hasta encontrar el armario, lo abrieron y encontraron a Lucas parado, inmóvil, aterrado por la araña.

Se lo llevaron bruscamente halándole del brazo… Lucas no podía moverse del pánico que rodeaba su cuerpo.
Los policías lo llevaron a un autobús enorme donde estaban varios niños llorando y
gritando. Unos niños querían saltar por las ventanas, romper las puertas del autobús y
otras ideas más. Y comenzó el largo viaje. Sin embargo, en los primeros asientos estaba
Chara una niña muy angustiada, llorando a moco tendido, mirando a todos lados.

Debajo de una silla encontró una botella de vino y, sin dudarlo, la lanzó al conductor golpeándolo fuertemente en la cabeza y él se desmayó de inmediato. El autobús chocó con un gran
árbol, cerca de donde comenzaba el bosque Carmesí, un bosque sagrado y bello.
Los niños aprovecharon para escapar y corrieron sin mirar atrás. En el bosque vieron un río de agua cristalina, árboles frutales y muchas flores. Luego, en medio de matorrales, encontraron una pequeña cabaña abandonada, sin electricidad, con unas camas viejas, una estufa y dos sillas. En la cabaña había un cuadro muy antiguo con una leyenda que decía “Aquí encontrarán todo lo que necesitan” pero… ¿Qué querría decir eso? Se
preguntaba Lucas.
Todos los niños estaban tranquilos, el bosque tenía todo lo que necesitaban. Los pequeños entendieron la importancia de cuidar la naturaleza, para no perder una maravilla como El Bosque Carmesí.
Pasaron los días y se fueron adaptando rápidamente, aprendieron cómo sobrevivir pues algunos niños como Lucas, tenían conocimientos sobre las plantas, el
clima y muchas cosas más y compartieron sus conocimientos con los demás niños.

Pudieron comer diferentes frutos a veces jugaban al aire libre, atrapaban mariposas,
aprendieron a hacer una fogata, también aprendieron a pescar, etc. Pero estaban algo
tristes debido que extrañaban mucho a sus padres. Sobre todo, Nina, una pequeña rubia
de mirada triste, tierna e inocente.

Un día todos los niños estaban jugando a las escondidas y Nina se escondió muy bien en el tronco de un árbol muy grande, pero se quedó dormida. El grupo no la pudo encontrar.
Ella despertó cuando una voz que venía del árbol le dijo: “Solo si reconoces a tu verdadera damilia te mostraré el camino correcto”. Nina se asustó mucho, salió despavorida y comenzó a llorar, corría por el bosque sin detenerse, hasta que finalmente llegó a una carretera en donde pasaba una patrulla de la policía y fue inmediatamente capturada.
Comenzaron las preguntas y el engaño para que Nina les contara en dónde estaban los otros niños. Le ofrecieron que si les decía dónde estaban los demás niños la llevarían de vuelta a su casa y nunca la internarían en esa escuela.

Nina no entendía realmente por qué los policías le decían eso, ella se perdió y no sabía cuál era el camino. La policía al enterarse que Nina no sabía nada y que no les daría información alguna, decidieron llevársela nuevamente al internado. Ella estaba muy desanimada y triste, reconociendo su destino. Sin embargo, recordó las palabras del árbol
y después de mucho pensar, entendió el mensaje.
Los policías que iban con Nina en la patrulla conversaban sin prestarle atención a la niña cuando, de un momento a otro, al mirar por el retrovisor, se dieron cuenta que Nina ya no estaba.

Nina no podía caminar de la emoción, solo quería correr al encuentro con sus amigos. Era increíble cómo sentía que los árboles le hablaban, sus ramas le sonreían, las aves la
acompañaban. Conocía perfectamente el camino, aunque no había uno.
Conocía perfectamente su futuro. Aquellos pequeños niños, inocentes, miedosos, pronto entendieron por qué la naturaleza les hablaba. Era una nueva oportunidad para la raza humana de formar seres que comprendieran la importancia de escuchar la naturaleza, de formar parte de ella sin perjudicarla.

Fin

Estoy deprimida porque mi mamá dijo que no me quiere

La voz de los pobres niños Stories to obsess over. Discover now