EL INICIO DE TODO.
Era una mañana tranquila en el convento, al igual que todas desde que estoy en este lugar, ha decir verdad la vida aquí no era mala, era un lugar grande en donde yo y el resto de monjas hacíamos nuestra vida diaria y dedicábamos tardes enteras de oración al señor. Mis padres me habían metido aquí hace pocos meses, al principió me negué pero con el pasar de los días fui acostumbrándome a estar aquí.
A pesar de lo que pensaba al inició, las hermanas eran amables y pacientes con cada nueva integrante que se unía a nosotras, podíamos pasar el tiempo con los cultivos, la costura e incluso a veces nos dejaban vender algunos de nuestros productos fuera del convento y, como es obvio, también íbamos a las capillas para orar.
Todos esos meses estuvieron llenos de paz, amor por el señor y respeto por mis hermanas, hasta que todo, de un día a otro, se me fue arrebatado.
-
-Hermana Helena, ¿Ha concluido con sus tareas matutinas?- Me preguntó la hermana Isadora, una de las monjas con más antigüedad en el convento, con su clásica sonrisa amable y paciente.
-Si, hermana Isadora, terminé, estaba a punto de ir a una de las capillas para rezar antes de la hora de la comida, ¿Gusta acompañarme?
-Agradezco tu oferta Helena, pero necesito despertar a las nuevas monjas, ya sabes como es esto, esas muchachitas no se despiertan temprano ni para salvar su vida
-Ya lo sé, me recuerdan a mi hace apenas unos pocos meses. Entonces la veré más tarde, hermana Isadora.
Sonreía antes de caminar con tranquilidad a través de los largos y vacíos pasillos del convento tumbo a una de las múltiples capillas que habían alrededor del mismo. Cuando estaba a punto de llegar a la capilla, me encontré con el padre Mateo, uno de los hombres más amables y serviciales, con barba y bigote bien afeitados y su sonrisa confiable que casi hacía que mis rodillas se debilitaran.
No me gusta mucho pensar en que, de hecho, encuentro al padre mateo encantador, se que la iglesia y las hermanas jamás podrían perdonar algo como eso, pero no podía evitar embozar una sonrisa cada vez que el padre Mateo y yo hablábamos, con ese carisma que siempre lo distingue y, en el fondo de mi, presiento que él siente lo mismo que yo, sus acciones, pequeños toques y las dulces sonrisas que me dedica, incluso si hay alguien más alrededor me lo confirman.
-Buenas tardes, hermana Helena ¿Puedo preguntar a donde se dirige en este día tan encantador?
-Oh, buenas tardes, padre Mateo, estaba yendo rumbo a la capilla, ya sabe, para orar un poco antes de reunirnos todos en el comedor principal- Dije, con una sonrisa nerviosa tirando de las comisuras de mi boca, tratando de actuar con calma.
-Por supuesto, a pesar de su actitud defensiva al inicio, siempre has sido muy devota, ¿no?
-me gusta creer que es así, padre...Si gusta acompañarme en mi oración, sabe que es más que bienvenido
-Por supuesto, jamás podría negarme a darle mi tiempo al señor...Y a una jovencita tan linda y devota como usted, hermana Helena
Mis mejillas se volvieron de un tono escarlata, podía sentir como la sangre se me subía a las mejillas mientras ambos caminábamos hacía la capilla, con un cómodo silencio entre nosotros, podía sentir como su mano rozaba suavemente la mía estando uno al lado del otro, necesitaba controlarme pero mis pensamientos eran como un remolino lleno de él. Dios no me podría perdonar esto.
Al llegar a la pequeña capilla vacía y llena de eco con cada uno de nuestros pasos, nos acercamos al altar y nos personamos antes de juntar las manos y cerrar los ojos, murmurando en voz baja nuestras oraciones. Cuando casi acababa de rezar escuché más atentamente las oraciones del padre mateo, lo que me dejo confundida.
-Por favor, Señor, con toda mi devoción a ti, te pido que me perdones por lo que estoy por hacer
Sus ojos se abrieron lentamente antes de dirigirlos hacía mi, se abrieron ligeramente al notar que yo ya lo estaba viendo y rápidamente trato de actuar con naturalidad, dándome una pequeña risa que salió más nerviosa que de costumbre, dio un paso hacía mi, su gran figura cubriéndome por completo y mi corazón empezó a latir, aunque de una manera diferente a la habitual, me sentía ligeramente ansiosa con cada paso que él daba hacía mi y que yo retrocedía.
-Uh, padre...Si ya termino de rezar entonces creo que deberíamos irnos al comedor principal, no quisiera hacer esperar a las hermanas...
-Oh, si, por supuesto, hermana Helena, no se preocupe por eso, yo me encargaré de hacerles saber a las hermas lo que exactamente le sucedió, apuesto a que ellas lo entenderán muy bien
Su sonrisa se hizo más grande con cada paso, mi corazón latía cada vez más fuerte y podía jurar que él también lo escuchaba en aquel eco que cubría la capilla. Sus manos, grandes y frías tomaron mis brazos con demasiada fuerza, haciéndome daño en el proceso.
-Padre Mateo...
--
Esas fueron mis ultimas palabras en la capilla antes de que todo a mi alrededor se volviera oscuro. Cuando desperté estaba desorientada, con calor y podía sentir un dolor punzante recorriendo todo mi cuerpo, intenté mover mis manos pero fue en vano, mis ojos se abrieron y mi mente se puso rápidamente alerta. Estaba encadenada, de pies y manos, simulando una cruz con mi cuerpo.
Todo alrededor estaba oscuro y mis ojos apenas se estaban acostumbrando al entorno hasta que escuché los pasos pesados de alguien acercándose a mi.
-Parece que despertaste, mi lindo cordero...Espero que no estés demasiado incomoda, sería una pena si es así
-Pa-padre Mateo, usted-
-Tranquila, Helena, no pienso hacerte daño...al menos no por ahora, no quisiera manchar ese lindo rostro tuyo
Vi a mi alrededor, todo estaba un poco más claro ahora que mis ojos se habían acostumbrado a la oscuridad de l habitación, pude ver una mesa frente a mi, con lo que parecía ser una biblia y una variedad de látigos colgados en la pared, lo que hizo que mi corazón diera un vuelco.
---
YOU ARE READING
El pecado de un sacerdote
Short StoryEn las profundidades de un sótano se encuentran ocultos los secretos más oscuros que un ser humano podría tener, pero, después de todo lo que ha hecho...¿Se le puede seguir considerando un ser humano?
