Nunca imaginé que la universidad sería el lugar donde mis planes comenzarían a tambalearse. Desde que entré, tenía claro que mi único propósito era convertirme en escritora, aprender, crecer y demostrarme a mí misma que podía construir el futuro que siempre soñé. No quería distracciones, no quería que nadie interfiriera con mis metas y, mucho menos, quería enamorarme. Siempre he creído que cuando uno se enfoca lo suficiente puede mantener el control de sus emociones, puede decidir qué sentir y qué no, puede protegerse antes de que algo duela demasiado. Sin embargo, la vida rara vez respeta los planes que hacemos con tanta seguridad.
Adrián apareció en medio de esa rutina perfectamente organizada que yo pensaba tener bajo control. No estudiamos en las mismas aulas, aunque compartimos el mismo campus y la misma sensación de estar persiguiendo algo más grande que nosotros. Él estudia Administración de Empresas, es determinado, ambicioso y carga con una herida que dejó una ruptura que todavía pesa en su mirada. Desde el principio supe que no era el tipo de persona que quería involucrarse emocionalmente, y eso debería haber sido suficiente para mantenerme lejos. Pero cada encuentro inesperado, cada conversación que comenzaba sin importancia y terminaba haciéndome pensar demasiado, fue debilitando mis defensas.
Hay cosas de mí que no todos conocen, momentos en los que mi mente se vuelve más ruidosa de lo que debería y mi cuerpo reacciona con náuseas y una sensación de pérdida de control que intento esconder detrás de una sonrisa tranquila. He aprendido a fingir que todo está bien, a no preocupar a quienes me rodean, a continuar como si nada pasara. Tal vez por eso me asusta que alguien pueda mirarme lo suficiente como para notar lo que intento ocultar.
Yo no quería enamorarme, no cuando apenas estoy aprendiendo a sostenerme por mí misma, no cuando todavía estoy tratando de entender mis propios miedos. Pero cuanto más intento convencerme de que puedo manejarlo, más evidente se vuelve que el corazón no siempre obedece a la razón. Y ahora me encuentro enfrentando una verdad que nunca estuvo en mis planes: que quizás el amor no llega para desordenarlo todo, sino para enseñarte a reconstruirte de una manera distinta.
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Lo que no estaba en mis planes
Non-FictionZhamira comienza la universidad decidida a convertirse en escritora y enfocarse únicamente en sus estudios, sin esperar enamorarse ni permitir distracciones en su vida. Sin embargo, lucha en silencio con episodios de ansiedad que se manifiestan en f...
