Todo empezó con una mirada. Una pequeña.
A medida que pasaba el tiempo, las miradas crecieron hasta mayores escalas: sonrisas, acercamientos, contacto físico, conexión emocional... el producto final sería considerado un error por cualquier héroe, incluso por cualquier villano.
Pero la razón por la que ellos dos seguían era porque para ambos no era algo grande. Era un pequeño error. Ni siquiera eso. Lo denominaban algo santo —aunque claramente no lo era—.
Esa noche, An yu salió sin el permiso de nadie. Un pequeño error, pero a nadie le importaría.
Atravesó el portal como lo haría en una misión común y, en un segundo, ya se encontraba en la ciudad.
Sí, estaba consciente de que esto estaba muy mal, pero ahora era inevitable. Incluso había elaborado la coartada perfecta en caso de que sus cuatro compañeros la encontraran en medio de una calle cualquiera de la ciudad.
Apenas había salido del velo blanco que separaba la Montaña Misteriosa del resto del mundo cuando elevó la vista para encontrarse con un vehículo aéreo gigante cruzando el cielo.
Daba vueltas enloquecidas por el cielo nocturno, siendo manejado por las brisas embestidas en las estrellas. La luz lunar dejaba ver el espectáculo a la perfección.
Extrañada, la samurai siguió el vehículo de cerca hasta que aterrizó bastante lejos del punto inicial.
Claro que sabía quiénes eran. La paleta de colores era inolvidable.
—¿Qué hacen aquí? —fue lo primero que preguntó cuando vio salir a Catboy, Owlette, Gecko y Newton Star de la nave.
—Hay... un asteroide de la maldad —explicó Gecko, algo mareado—. Tuvimos que alejarnos precipitadamente porque al acercarnos nos vuelve malos.
No dijo nada, sólo asintió. Pero Catboy ya quería interrogarla.
—Más bien, ¿qué haces tú aquí?
An yu sintió el pequeño cosquilleo de un mentiroso antes de soltar la mentira.
—Detecté una aura bastante grande de maldad. Lo bueno es que mis poderes ya pueden usarse en la ciudad.
Bueno, tan mentira no era. Al salir por el portal sí que había sentido la vibra extraña. Pero, originalmente, tenía otros planes.
Quería reunirse... con él. Siempre él. Lo suyo era un pequeño error que nadie debía saber.
Tendría que posponer su encuentro con su «némesis» para otra noche. En ese momento debía ayudar a sus amigos, además de que no estaba de humor para dar explicaciones a los otros cuatro.
—Menos mal que estás aquí —Owlette la sacó del trance, apoyando una mano en su hombro—. ¿Podrías ayudarnos?
Movió la cabeza en respuesta, sin articular palabra. Quizá, sólo quizá, él podría estar allí. Quién sabe.
En esos meses había aprendido a ignorar las maldades que hacía su «pareja» hasta el punto donde le daban ganas de ayudarlo. Tampoco era taaan malo como sonaba.
Se puso en marcha deprisa junto con sus cuatro compañeros. El hecho de estar algo distraída no quitaba que esta era una misión seria.
***
—Chica de la Montaña, espera a que pruebe estos anillos en ti.
Y ahí estaba por enésima vez: aquel choque de miradas que la pareja había intercambiado por primera vez hacía tanto tiempo. Esa mezcla de romanticismo cariñoso disfrazado de la tensión oscura que, se quisieran o no, siempre iban a emanar.
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Un pequeño error
FanfictionEsta pequeña historia empieza con nuestros héroes siendo adolescentes en el episodio: Héroes por doquier. En dónde uno de ellos cometió... un pequeño error. Uno llamado «enamorarse».
