Mi Mejor Amigo
El celular sonó varias veces antes de que el chico saliera del baño goteando por todo el piso. Se sentó en su cama con suavidad y comenzó a secar su largo cabello color lila. Se movió con una coordinación parsimoniosa. Era su día libre, su día de descanso total, ese en el que se mimaba: se preparaba un par de emparedados vegetarianos y un tazón de jugo de naranja. Era solo él y su soledad en ese departamento a las afueras de la ciudad.
Colocó un CD, su favorito, y se sentó en el sillón. Justo cuando iba a dar su primer mordisco, un par de golpes sacudieron la puerta. Frunció el entrecejo y dio varios pasos arrastrados. Quitó el pasador y abrió a medias. Una melena azulada acaparó su visión, y Mu entrecerró los ojos.
—Te llamé y nunca contestaste. —Su mejor amigo sonrió al girarse y ver su rostro malhumorado.
—Posiblemente estaba bañándome... —dijo el aludido, alzando uno de los curiosos puntos que adornaban su frente—. ¿Qué... puedo...?
—¿Me dejarás afuera, Mu? —Lo escuchó, lo observó con una ceja arqueada, mostrando un par de cervezas.
—No, Kanon... —Cerró la puerta y colocó su frente sobre la dura madera, para luego abrirla de nuevo—. Pasa...
El peliazul entró con una familiaridad absoluta, se sentó en el sillón individual y cambió la canción. Mu lo observó de pies a cabeza, notando que nunca cambiaría. Negó con suavidad y se sentó a su lado.
—Sabes... hoy en la universidad conocí a dos chicas lindas. Creo que son hermanas gemelas —contó Kanon. Mu solo sonrió, mordiendo su emparedado—. Te puedo presentar alguna... si quieres, claro. —Lo observó, pero el pelilila solo subió los hombros de la forma más desinteresada posible—. Vamos, Mu... nunca me aceptas una invitación. ¿Cuánto tenemos de ser amigos?
—¿Más de veinte años? —Se cuestionó el pelilila—. Realmente no lo sé, Kanon... creo que perdimos las cuentas.
—Más de veinte años —murmuró con nostalgia el peliazul— y en todo ese tiempo nunca me has aceptado una cerveza...
—No me gustan.
—¿Y qué me dices de las salidas al club?
—No sé bailar... —Mu suspiró pesaroso, dejando a un lado su aperitivo para prestar atención a las esmeraldas verdes que lo recorrían entrecerradas—. No es que no sepa... de hecho, nunca he bailado. Ni siquiera sé... si sé... ¿Me entiendes? —preguntó sonrojado.
Kanon lo observó esta vez con una sonrisa retorcida, dejó su cerveza a medio tomar al lado del sillón y se paró justo frente a él con los brazos extendidos.
—Anda... dame la mano —dijo, casi como una orden, con seriedad y al mismo tiempo una inexplicable dulzura. Mu lo observó dudoso, soltó una breve carcajada y negó con suavidad—. No te hagas el rogado, vamos...
—Kanon... —dijo, y su voz sonó con una mezcla de berrinche y aceptación, justo como cuando un niño mimado es obligado a alguna tarea—. No creo que... —Terminó, dándose por vencido, cerró los ojos y tomó la mano de su amigo.
El peliazul tiró de él con fuerza, jalándolo cerca del equipo de sonido. Cambió la canción a una más suave, tomó una de sus manos y la colocó en su hombro; la otra la presionó suavemente contra la de él.
Mu lo observó con duda. Estaba lo bastante cerca como para que el olor a cerveza lo inundara. Se quedó quieto, divagando en esas esmeraldas más profundas y más viejas que las suyas. Frunció el entrecejo y no le permitió moverse.
—No es tu primera cerveza, ¿cierto? —Kanon ensombreció su rostro—. Oye... somos amigos, sabes que puedes confiar en mí... —La música siguió sonando, y Kanon se mantuvo estoico, solo movió su rostro hacia la ventana.
—No... —Su respuesta fue simple y seca.
—¿Es ella? —Continuó, intentando ayudarle a sacar eso que, a simple vista, lo ahogaba.
—Me va a volver loco —murmuró, y entonces reposó su frente contra la de Mu—. Tantos años a su lado... —siguió—. Engañándome, engañándole a ella, a todos... —susurró.
Mu lo observó y dibujó una apenas divisible sonrisa mientras, inconscientemente, llevaba sus manos desde el cuello de su amigo, acariciando entre la melena azulada hasta terminar de nuevo sobre sus hombros.
—La vida con ella siempre ha sido así desde que tengo memoria —dijo el pelilila—. Ella siempre ha sido así contigo, y por tu padre, tal vez, has dejado de lado lo que de verdad te hace feliz en tu corazón... —murmuró, y de repente, un suave vaivén se apoderó de ellos—. Tranquilo... estás conmigo. Soy y siempre seré tu mejor amigo.
Se detuvieron. Kanon lo alejó y lo observó. Tenía razón. Todo el tiempo que su hogar estaba lleno de problemas, Mu lo había consolado. A decir verdad, siempre le había gustado, pero por respeto a su anciano padre, nunca había sobrepasado los límites de su amistad. De igual forma, el pelilila nunca había aceptado una sola salida, y aunque había probado con todo, este siempre se había negado. Mu tenía razón: como siempre, desde el día que sus vidas se cruzaron, se había pasado engañándose todos estos años, negando algo que ya de por sí estaba destinado a pasar.
Sonrió, negando lentamente, y lo tomó con fuerza, estrujándolo contra él. Sus manos pasearon por su espalda y terminaron en su rostro. Tocó con sus pulgares esos suaves y finos labios, y se relamió los de él, acercándose hasta apenas rozarlos.
Era su primer encuentro de esa forma. ¿Sería que Kanon finalmente le estaba correspondiendo? Cerró los ojos cuando los labios del griego se posaron sobre su boca, cuando sus manos delinearon su camisa, y sus dedos dibujaron sobre su pecho y presionaron cada punto sensible sin despegar sus labios: ahora de su cuello, de su boca de nuevo, del lóbulo de sus orejas. La respiración agitada de su amigo lo doblegó a tal punto de perderse entre el tiempo y espacio.
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Mi Mejor Amigo
FanfictionEl destino funciona de la forma mas maravillosa, cuando la amistad se vuelve mas fuerte se dan cuenta que estan hechos, el uno para el otro
