Lo primero que Will siente es el peso de un cuerpo que no reconoce como suyo, y una respiración demasiado profunda, como si sus pulmones, de pronto, ocupasen más espacio del que deberían. Intenta moverse, desperezarse, y entender el hormigueo que le asciende por las piernas como un grupo de hormigas hambrientas. Nada. El pánico le atraviesa al descubrir que no puede, que sus músculos no responden. ¿Es otra de sus parálisis del sueño? Las detesta, porque le hacen sentir atrapado, de nuevo, entre enredaderas de otra dimensión.
Pero algo es distinto esta vez porque, en sus parálisis, suele lograr mover alguno de sus dedos. Y en cambio, ahora, ni siquiera captura un minúsculo espasmo en su falange más liviana; el meñique. Está relegado a una especie de vacío interno, adherido a un sistema nervioso que vibra con impulsos ajenos.
"¿Hola?", dice.
¿Cómo es que puede hablar sin que se le muevan los labios? ¿Y por qué su voz suena tan hermética? Con una especie de reverberación extraña.
Ruido blanco.
Mike reconocía con una familiaridad sin sospecha el azul de su habitación, los posters, los relojes sin hora, y el techo ligeramente inclinado que parecía que se le iba a venir encima en cualquier momento. Así que no es hasta que la cadencia de la voz de Will le ataca —como un suspiro en la nuca, casi fantasmal—, que se yergue sobre el colchón, sobresaltado.
Parpadea, una y otra vez. La sensación no desaparece. Hay alguien más ahí, haciendo presión detrás de sus propios pensamientos. Un segundo latido que, aunque no le duele en el pecho, tampoco coincide, funcionando como un eco del suyo.
"Mmm", interrumpe el murmullo de Will.
Y Mike no necesita cuestionarse la lógica de sentir a Will incrustado en las paredes de su cráneo. Tampoco se pregunta dónde estará su cuerpo. No tiene mucho sentido, pero por alguna razón lo toma con naturalidad una vez confirma la voz azucarada de su mejor amigo.
Lo que sí le aturde es algo más cotidiano; la inmediata e inequívoca presión bajo las sábanas, que le da los buenos días todas las mañanas al despertar. Y aunque, normalmente, apenas le presta atención porque desaparece en cuanto se levanta o cambia de postura, esta vez se vuelve difícil de ignorar.
Will está presenciando, en primera fila, su vergonzosa erección matutina.
— Oh-oh. —Advierte Mike.
Will se desplaza, de inmediato, hacia esa zona caliente con curiosidad, es solo una comprobación que Mike siente como un cosquilleo imposible de definir, pero evidente. Entonces, si Mike está empalmado y Will está en su cuerpo... ¿Will está empalmado también? Tiene sentido. Y el pensamiento golpea a Mike con la fuerza de lo ridículamente inoportuno. El rubor sube por su cuello y su pulso, ahora acelerado, amplifica todas las sensaciones físicas que Will recibe desde las sombras, como si el sistema de Mike respondiera con una sensibilidad exagerada y nueva al estar siendo compartido.
"Ni lo pienses, Mike". Will nota cómo Mike traga saliva, el movimiento exacto de su garganta, la tensión leve del maxilar. Casi es como si pudiese hidratarse también.
— Mhmff.
"Las manos a los lados, Mike", demanda Will, tirante.
Mike flexiona los dedos contra el colchón y la tela rugosa bajo las yemas llega a Will como una sensación de placer desconcertante. Sentir a Mike por todas partes, como un disfraz caliente, le es retorcidamente encantador. Pero también lo siente como una invasión no permitida. Aunque no sea unilateral, porque se siente tan vulnerable recorriendo a Mike como Mike debe sentirse al tenerle moviendo cosas dentro de su carne.
"¿Por qué me miras así?" pregunta Will, un hilo de voz.
Mike parpadea, lento, y Will percibe la ligera contracción de los músculos alrededor de sus ojos. Es una locura estar viendo a través de los ojos de Mike. — No te estoy mirando, Will. Estoy literalmente solo en la habitación.
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Te siento en todas partes, onírico.
FanfictionMike siempre ha tenido claro que su conexión con Will es especial, diferente, pero nunca se ha parado a cuestionar la raíz. No hasta que empiezan los sueños, húmedos y tortuosos, demasiado reveladores como para ser ignorados al despertar. Delirios q...
