El problema no fue la información; la información era impecable, precisa, quirúrgica, como todo lo que salía de la mente metódica de Killjoy, que había repasado el plano del sitio hasta sabérselo de memoria, marcando rutas, posibles emboscadas, puntos ciegos donde colocar sus torretas y alarmbots con la confianza casi arrogante de quien cree que el caos puede domesticarse con suficiente cálculo. El problema tampoco fue la potencia de fuego, porque Raze llevaba la sonrisa peligrosa de quien disfruta demasiado el estruendo, y Sova había tensado el arco con esa calma glacial que siempre precedía a la tormenta. El problema fue algo más sutil, algo que ninguno quiso nombrar cuando cruzaron el perímetro y el aire se volvió denso, eléctrico, como si el propio mundo estuviera conteniendo la respiración.
Reyna lo sintió primero, pero no dijo nada.
Nunca decía nada.
El primer disparo enemigo no sonó como advertencia sino como sentencia, reventando el cristal a la derecha de Sova y obligándolos a cubrirse antes siquiera de que Killjoy pudiera activar su protocolo secundario. La emboscada fue limpia, perfectamente sincronizada, como si los hubieran estado esperando desde el principio, como si cada paso que dieron estuviera ya previsto en un tablero invisible, y durante un segundo que se alargó más de lo razonable, el equipo de élite quedó reducido a cinco cuerpos buscando cobertura desesperada en un espacio que de pronto parecía demasiado abierto, demasiado expuesto, demasiado mortal.
Raze respondió con explosiones que iluminaron el sitio con destellos anaranjados, una risa nerviosa escapándosele entre los dientes mientras lanzaba su pintura mortal hacia un grupo de sombras que apenas alcanzaban a distinguirse, y Sova marcó posiciones con un dron que cayó segundos después, atravesado por fuego cruzado que venía de más ángulos de los que deberían existir. Killjoy maldijo en alemán cuando su torreta fue destruida antes de completar el ciclo de disparo, los fragmentos metálicos saltando por el aire como una promesa rota, y fue entonces cuando Reyna dejó de cubrir y empezó a cazar.
No lo hizo por estrategia, ni por heroísmo, sino porque en medio del caos algo en su interior se encendió con esa familiaridad oscura que la hacía sentir más viva cuanto más cerca estaba de la muerte; se movió entre columnas con una precisión casi felina, ignorando las órdenes de retroceder, ignorando incluso la voz firme de Sage que intentaba reorganizar la retirada, y cuando su primera víctima cayó, la energía púrpura que la envolvió no fue solo poder sino una declaración silenciosa de que ella no necesitaba a nadie.
Y esa fue la grieta.
Porque mientras Reyna avanzaba demasiado, mientras Raze intentaba cubrirla con detonaciones cada vez más erráticas y Sova gritaba coordenadas que ya no servían de nada, Sage vio lo inevitable con esa claridad dolorosa que acompaña a quienes saben exactamente cuánto pueden perder en cuestión de segundos. Sintió el impacto antes de verlo, la caída brusca de Killjoy a su izquierda, el grito ahogado que Raze no logró convertir en broma esta vez, y supo que la misión estaba perdida incluso antes de ordenar la retirada definitiva.
El mundo se redujo entonces a instinto de supervivencia y a manos manchadas de sangre que no siempre alcanzaban a tiempo.
Sage se movió como el centro de un huracán, esquivando disparos mientras invocaba su energía curativa sobre Sova, estabilizándolo lo justo para que pudiera caminar, arrastrando después a Raze tras un muro improvisado de hielo que comenzó a agrietarse casi en el mismo instante en que se alzó, y cuando por fin encontró a Reyna, lo que vio no fue derrota sino furia, una herida profunda atravesándole el costado y una expresión tan obstinada que resultaba casi insultante.
—Déjame —ordenó Sage, extendiendo la mano hacia la herida que teñía de oscuro el traje de la duelista.
Reyna retrocedió un paso, la mirada brillándole con algo que no era exactamente orgullo sino algo más crudo, más antiguo, una negativa que no admitía réplica.
—Estoy bien.
BINABASA MO ANG
Bajo la misma luz - Reyge
FanfictionTras una misión fallida en la isla de Venecia, el equipo del Protocolo apenas logra escapar con vida. La extracción de radianita era el objetivo. La emboscada, la realidad. Ahora, con la sospecha de una trampa cuidadosamente preparada y la tensión c...
