Capítulo 1

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Desperté, en el mismo cuarto, rodeado de esas cuatro paredes, que de alguna manera me apretaban hasta quedar comprimido, estaba en esa misma casa vieja, en la misma mierda que siempre.

Como todas las mañanas bajé a la cocina, de la que se desprendía el inconfundible aroma a salsa verde para chilaquiles que mi mamá hacía desde que era muy pequeño tan pequeño que esos recuerdos divagan borrosos y confusos en mi mente. Llegué a la mesa de la cocina y me senté todavía algo adormilado -buenos días, mamá- le dije mientras ella seguía preparando el desayuno -hola, mi amor, buenos días, oye, por favor ve a despertar a tu carnal-mi mamá replicó sin voltearme a ver -si, ma- le conteste mientras subía las escaleras yendo en dirección a su cuarto. Abrí la puerta y lo vi acostado, en silencio, en paz. Me acerque a su cama -ya levantate, chaparro, vas a llegar tarde a la escuela-.

Terminamos de desayunar y yo estaba lavando los platos cuando mi mamá me gritó -ya me voy, ahí le cierras- entonces, mi mamá salió de casa. Ya me sabía la rutina que teníamos tanto ella como yo, ella lleva a mi hermano a la primaria mientras yo me iba a la prepa, después de dejar a mi hermano en la escuela se iba a trabajar y entre turnos recogía a mi hermano. Siempre llegaba a mi casa en la noche ya fuera por una cosa u otra, me gustaba estar con mi familia pero siempre terminaba caminando por la calle y en los atardeceres que consideraba lindos me iba a unos pastizales a las afueras de mi colonia, era de las pocas cosas que me daban alegría.

Llegué a la parada del microbús, me subí y tome un asiento del fondo que estaba libre, me puse mis audífonos y simplemente vi por la ventana, como si esperara que algo de ese repetitivo camino cambiara por arte de magia, aunque sabía mejor que muchos que nada iba a cambiar por más que tratara de distorsionar lo que veía a diario.

Faltaban tres paradas para que me bajara de aquel camión verde pequeño que recorría el mismo camino que yo todos los días. El microbús se paró en una baqueta con poca gente, subieron algunos y los que alcanzaron tomaron asiento, la primera persona que subió era un chico de mi edad con una sudadera negra con un estampado de "the notorious B.I.G." cuando empezó a caminar me vió y se sentó a mi lado, no dijo nada, se quedó en total silencio, no vió su celular ni a otra dirección como todos los demás pasajeros, él estaba viendo el piso y cuando volteé a ver la ventana me vió como si lo tuviera que mantener en secreto, aunque lo podía ver en el reflejo de la ventana. Hasta cierto punto fue divertido.

El microbús hizo otras dos paradas y en la tercera me levanté -¡bajan!- gritó alguien detrás de mí, el chico que estaba sentado al lado mío se paró en cuanto el camión se detuvo y caminó muy rápido hacia la salida, yo estaba delante suyo, cuando bajó me empujó con el hombro y siguió con su camino, perdí el equilibrio, casi me caía -¡fijate!- le grité, al parecer lo escucho por que se volteó por segundo para ver quien le gritó y regresó su vista a la calle, empezó a caminar y cuando lo volteé a ver me estaba sacando el dedo por arriba de su hombro, -¡chinga tu madre!- le grité. No me volteó a ver pero sabía que aquel infantil gesto era dedicado a mí.

Caminé unas dos cuadras hasta un puesto de papas y chicharrones que era algo popular entre maestros y alumnos de la prepa. Compré unas papas con salsa y me encaminé hacia la escuela, pasé la entrada y caminé al lugar donde siempre estaba junto a mi grupo de amigos.

Ya estaba en aquella banca para 6, en donde nos sentábamos 15 cuando estábamos completos, no había ni un alma en ese lugar. Supuse que estaban en la esquina de la escuela drogándose con unos chavos de 20 que ni siquiera estudiaban.

Deambulaba solo por el patio de cemento con canchas mal pintadas y descuidadas, cuando me topé con una bolita de personas observando algo, me quise acercar por pura curiosidad.

Al acercarme escuché a toda la gente reunida corear al unísono -¡partele la madre! ¡partele la madre!- mi curiosidad solo incrementó al escuchar eso, me aproximé caminando rápido hacia la pequeña multitud que se formaba entre alumnos. Llegue casi al centro de todos y lo primero que noté fue una cara muy conocida a punto de pelear contra una persona que no conocía, era mi amigo Luis, se veía muy molesto, su cara empezaba a ponerse roja de la ira contenida.

En el momento solo me quedé mirando como se daban de empujones, supuse que todo este teatro había iniciado hace muy poco, me quedé parado viendo como estaban a punto de iniciar, estaba casi inmobil.

Reaccioné por fin y me di cuenta de lo que estaba pasando. Siempre he odiado la violencia, tenía muchas razones para hacerlo, la vida de muchas personas cercanas a mí estaba arruinada por ésta, nunca supe que me detuvo de no parar a uno de mis mejores amigos de tener una pelea.

Estaba a punto de tomar a Luis de la muñeca para arrastrarlo fuera de ese lugar cuando alguien gritó -¡no mames, ¿qué haces, cabrón?!-

Un tipo un poco más alto que yo, de pelo castaño claro y una sudadera negra corrió y se plantó en frente del tipo que no conocía y lo tomó del brazo como si con ese movimiento pudiera regañarlo, cuando estuvo de espaldas hacia mí reconocí su sudadera negra con un estampado de "the notorious B.I.G", era el mismo chico del transporte, el mismo que me empujó en la mañana.

Sentí como mi sangre comenzó a hervir hasta llegar a mi cara, sin pensarlo solté -¡tienes miedo de que Luis y yo les partamos la madre!¿verdad, puto?- al instante me arrepentí de mis palabras y estaba a punto de pedir disculpas cuando el de la sudadera se giró lentamente, en su rostro se dibujaba una expresión que dejaba ver algo de confusión y asco mezclados.

Se acercó a mí con un paso, quedando a centímetros de mi cara -que te quede claro que si paré este teatrito fue para no rebajarnos a su nivel, pinches gatos- me escaneó de arriba a abajo como si evaluara algo repugnante, se volteó y caminó con su amigo, -pinché pocos huevos- dijo Luis, mientras el otro par caminaba perdiéndose entre la poca gente que veía toda la escena con sorpresa.

Terminé en la misma esquina que el resto de mis amigos, solo les estaba haciendo compañía, la verdad odiaba todo tipo de adicciones desde que tengo memoria. Estuve ahí alrededor de una hora, no me gustaba nada lo tenso y asfixiante que era el aroma tan peculiar de la mota.

En camino a la entrada de la escuela mi mente se concentró en una sola cosa, no podía dejar de pensar en hace un rato y lo mal que me había visto incitando a alguien a pelear, estaba muy avergonzado, sabía que si en algún punto del día lo volvía a ver no tendría el valor de verle a la cara. Me apenaba mucho el haber caído tan bajo por un simple enojo.

Desde siempre había odiado la violencia, no importa como sea, destruye vidas. Toda la vida me había rehusado a ser parte de ese tipo de actos.

Me dirigía al salón de física cuando un grupo de alumnos pasó corriendo por los pasillos, supuse que no notaron mi presencia y pasaron empujándome entre los cinco chicos, eran algo mayores que yo, tal vez eran de sexto grado. Cuando pasaron cuál estampida de vacas y yo lógicamente perdí el equilibrio, estaba a punto de caerme cuando alguien me atrapó, me tomó del cuello de la camisa y me alzó poco a poco, tratando de no soltarme. Mi mirada se dirigió hacia esa silueta, cuando estaba a punto de ponerme de pie, logré ver con claridad un rostro de largas pestañas, cejas pobladas, ojos color miel, una nariz delgada acompañada de una perforación .

Entre Hierba SecaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora