PRÓLOGO

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Emma caminaba despacio por la acera mientras hablaba por teléfono con su hermana Isabel. El viento de la tarde le rozaba el rostro con suavidad, moviendo algunos mechones sueltos de su cabello y obligándola, de vez en cuando, a apartarlos detrás de la oreja. A su alrededor, la ciudad seguía con su ruido habitual: autos pasando, pasos apresurados, voces mezcladas y el murmullo distante de una vida que nunca se detenía.

Ella, en cambio, sí lo hacía por unos segundos. En ese momento solo importaba la llamada.

—No tengo nada —dijo, con una mezcla de cansancio y resignación.

Hubo una pausa al otro lado de la línea.

—¿Qué? ¿En serio?

Emma soltó un pequeño suspiro, casi una risa sin humor.

—Sí. Nada. No me salió nada este mes, y tampoco quiero aceptar cualquier cosa solo por compromiso.

—Entonces, ¿vas a venir a casa?

Emma bajó la mirada hacia el suelo mientras seguía caminando. El tema la hacía sentir extrañamente expuesta, como si admitirlo en voz alta lo volviera más real. No estaba acostumbrada a quedarse quieta demasiado tiempo. Vivía saltando de proyecto en proyecto, de rodaje en rodaje, de audición en audición, siempre con prisa, siempre intentando demostrar que podía con todo. Pero esta vez algo era distinto. Estaba agotada. Vacía de una forma que no sabía explicar.

—No lo creo —respondió al fin—. Probablemente esté por aquí unos meses. Quiero tomarme unas vacaciones en solitario.

Del otro lado se oyó un pequeño silencio, no incómodo, sino atento. Isabel la conocía demasiado bien. Sabía reconocer cuando su hermana estaba intentando sonar tranquila mientras en realidad estaba hecha un manojo de nervios.

—¿No te molesta verdad? —preguntó Emma, bajando un poco la voz.

—Claro que no, hermana —contestó Isabel al instante, con una calidez que atravesó la llamada—. Ya sé que con todo el trabajo es fácil estresarse. Relájate y disfruta. De verdad. Respira, come bien y trata de no pensar en todo al mismo tiempo.

Emma sonrió por primera vez en toda la conversación. Su hermana siempre tenía esa forma sencilla de hacerla sentir menos sola.

—Hablamos en la noche, ¿está bien?

—Bien.

—Te quiero.

—Yo también te quiero.

Y la llamada terminó.

Emma guardó el teléfono en el bolsillo de su abrigo y se quedó unos segundos quieta, observando sus propias manos. Tenían un leve temblor. No era frío. Era otra cosa. Tal vez la incertidumbre. Tal vez el peso de saber que esas serían las primeras vacaciones sin su familia, sin la protección de la rutina conocida, sin nadie que le dijera exactamente qué debía hacer al día siguiente.

Sola.

Por primera vez en mucho tiempo, sola.

Y aun así, no iba a retroceder. Se lo debía a sí misma.

Siempre había sabido arreglárselas. Siempre.

***

TN no paraba de escribir.

La habitación estaba en silencio, salvo por el sonido suave de la música que salía de los altavoces de su laptop. My Way sonaba de fondo, y él, de vez en cuando, tarareaba algunas líneas casi por reflejo, como si necesitara ese ritmo para seguir pensando. La luz de la pantalla le iluminaba el rostro cansado, dejando ver con claridad las ojeras que se habían instalado bajo sus ojos desde hacía varias semanas.

TUVE SUERTE (TN X EMMA MYERS)Stories to obsess over. Discover now