Mi cara no siempre fue lo que más me preocupaba, pero desde los trece años la gente empezó a decir que era un poco redonda, que tenía papada, sobre todo los niños de mi escuela. Al final terminé creyéndomelo, y así mi rostro se convirtió en mi primera inseguridad.
Aunque mi madre dice que soy hermosa, eso no quita que yo sienta que tengo demasiados cachetes o papada. Tengo que aprender a querer mi rostro; tal vez algún día lo haga, pero por ahora no puedo.
Quizá pueda aprender a amarlo poco a poco, porque todos somos perfectos ante los ojos correctos y también ante nuestro Dios.
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El diario de mis inseguridades | Terminada
Non-FictionDorothy Monroy es una joven con muchas inseguridades así que decide plasmarlas en su diario
