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En los años en que Hogwarts aún olía a tinta fresca y ambición sin nombre, tragedia a futuro incluso una vaga esperanza.

Bellatrix Black tenía 15 años de una risa que casi nadie conocía. En los pasillos era fuego y orgullo rozando la soberbia, pero en los rincones silenciosos se volvía constelación tímida, una luz pequeña que sólo sus dos hermanas menores sabían encontrar y con las que la joven se permitía mostrar debilidad.

A Tom Riddle no lo conocía.

No al muchacho brillante y terrible del que los profesores murmuraban con cautela. No al prodigio que no paran de alabar muchos sangre pura en secreto. En cambio en su mundo apareció Rossy Roserhearts.

Rossy llegó una mañana de otoño, con el cabello oscuro recogido en una trenza paciente y los ojos atentos como si siempre estuviera escuchando un secreto, como si siempre entendiera los susurros que nadie escucha. No hablaba. Avían explicado que era muda. Se comunicaba con notas breves, con sonrisas medidas, con una caligrafía que parecía pensada dos veces antes de existir. Nadie sospechó que aquella chica bella y silenciosa era Tom Riddle, 20 años, belleza afilada escondida bajo telas suaves y una decisión tomada como un juramento.

Tom había elegido el disfraz porque Bellatrix no confiaba en nadie que se le acercara con demasiada claridad. Ya lo avía intentado a través de otros con promesas y poder fallando. Con Rossy, en cambio, bajó la guardia con casi nulo esfuerzo. La encontró una noche en la biblioteca, llorando sin ruido, las lágrimas cayendo sobre un tratado de magia antigua. Rossy le tendió un pañuelo. Bellatrix levantó la vista y, por primera vez, no se sintió observada como un apellido, sino como una persona.

Así comenzó todo.

La amistad creció a base de paseos nocturnos por los invernaderos, de notas dobladas en cuatro, de risas contenidas para no despertar a los fantasmas. Bellatrix le mostraba a Rossy la versión que no llevaba espinas. Hablaba de sus hermanas, de su miedo a no ser suficiente por el echo de aver nacido mujer y de un futuro que le habían trazado con tinta ajena. Rossy escuchaba. Por ende Tom escuchaba. Y en ese escuchar, algo se desvió del plan.

Porque Tom había llegado con la intención de entrar, manipular, sembrar una devoción útil. Pero para su sorpresa Bellatrix resultó ser más que una pieza prometedora. Tenía una dulzura feroz, una lealtad casi infantil y una tristeza que no pedía permiso. Tom sintió algo parecido al enamoramiento, algo visceral creciendo en su pecho. No era una emoción limpia. Era hambre mezclada con cuidado, obsesión, ternura. Deseo con un pulso de protección que le resultaba incómodo.

Por qué cuando Rossy llegaba a una habitación en la que Bellatrix se encontraba. Era, era. Era ser recibido con una mirada de anhelo silencioso y deseo que le exitaba.

Asta que el apareció en la ecuación.

El joven que rompió esa preciosa burbuja fue Rodolphus Lestrange.

Su prometido.

Elegido.

"El indicado para el linaje"

Imposible de esquivar. Rodolphus era una presencia constante que prometida una preciosa jaula dorada. Bellatrix sonreía a su lado en público, pero por las noches, en la torre, lloraba de impotencia. Rossy la encontraba con los ojos rojos y la rabia en su pecho apretada y sofocante. Tom sentía los celos como un incendio mal contenido. No por el anillo futuro, sino por las lágrimas presentes.

Odiaba ver esos bellos ojos púrpura sufrí.

Esos ojos que a él lo miraban con carriño, manchados de dolor.

Quiso arrancarlo del camino, degradarlo. Quiso romperlo, matarlo.

Pero Tom no improvisaba cuando el poder estaba en juego.

Las casas Black y Lestrange unidas eran una promesa antigua, un mapa hacia influencia y poder de las 28 casas nobles de Inglaterra. Necesitaba ese matrimonio. Necesitaba que ocurriera. . . . Y, al mismo tiempo. Decidió que Rodolphus pagaría cada lágrima derramada por su pequeña estrella.

La idea nació como nacen las maldiciones más duraderas. Silenciosa. Precisa.

Rossy siguió siendo amiga. Confidente. Refugio. Tom cultivó la dependencia con cuidado, como quien riega una flor venenosa sin tocarla. Bellatrix se apoyó en ella para sobrevivir a los anuncios, a los vestidos, a la certeza de un destino cerrado. Y mientras tanto, Tom tejía otra historia en las sombras.

El hijo menor de los Lestrange nunca debió cruzarse en su camino. Fue un error pequeño, una crueldad sin importancia para cualquiera menos para Tom Riddle. La muerte llegaría envuelta en dolor lento tortuoso, en rumores que nadie quiso confirmar. La familia Lestrange se quebraría por dentro eso lo notaba él. Rodolphus se volvió más frío, más brutal, más distante, más violento. Bellatrix sufría en silencio, culpándose por no sentir pena suficiente, por sentir alivio.

Mientras que Tom observaba todo con ojos tranquilos.

Cuando Bellatrix se casó, Rossy estuvo allí, vestida de un rosa apagado figura inocente, escribiendo una nota que decía: Siempre estaré contigo. Bellatrix la abrazó con fuerza, como si aquel contacto pudiera salvarla y el no quiso soltarla.

Fue fácil entrar a la habitación nupcial como Rossy, así como hechizar al joven Lestrange para que creyera consumar su matrimonio y esa noche se quedo consolando a su pequeña estrella, cuando ella se durmió en sus brazos alivio un poco de los celo...

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Fue fácil entrar a la habitación nupcial como Rossy, así como hechizar al joven Lestrange para que creyera consumar su matrimonio y esa noche se quedo consolando a su pequeña estrella, cuando ella se durmió en sus brazos alivio un poco de los celos en su pecho. Pero no lo suficiente. Ni de cerca suficiente para borrar el enojo y rabia de saber que tan siquiera ese bastardo pensara ponerle un dedo encima, tocarla, estar dentro de ella.

Años después, cuando el mundo aprendió a temer el nombre de Lord Voldemort, Bellatrix entendería había sido reclamada desde mucho antes. Que el monstruo la había amado a su manera torcida. Que la amiga muda que le prometió nunca dejarla, era el monstruo, monstruo que tomara todo de ella.

Y Tom Riddle.

Desde su trono de sombras, sonreiría al recordar a esa chica de 15 años que le enseñó que incluso el poder más frío puede desear algo con desesperación.

Porque él la deseaba.

Y ahora la tenía.

She's MyCerita yang bikin terobses. Temukan sekarang