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01: El peso de una perdida

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— El forense dijo que su muerte fue natural... Y que nos mintió.






























Un día cualquiera hubiera sido bueno para tal noticia.

¿Un día especial para el grupo de jóvenes?

No lo era.

























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— ¡Shh!

Las risas cálidas tuercen el velo del silencioso hogar.

Era de madrugada, una muy iluminada por los primeros rayos del sol que se asomaban tímidos por el norte.

Un silencio cómplice que llena de emoción a los chicos, que ahora mismo planeaban una de sus mejores sorpresas para el mayor del grupo.

¡Era su cumpleaños!

— Es un cumpleaños más, un cumpleaños menos —Uno se encoge de hombros, pero igualmente emocionado y con las manos ocupadas con serpentinas que planeaba lanzarle al cumpleañero.

— ¡No es un cumpleaños, Eric! —La más menor reprende, balanceando los caramelos en el pequeño plato decorativo a cada paso. — ¡Es el cumpleaños!

La mano del más callado tapa su boca tranquilamente, volviendo a silenciar sus voces altas.
Teniendo que preocuparse por el sueño ligero que tenía el cumpleañero por culpa de todos ellos.

— No querrán arruinar la sorpresa...—El joven susurra lo suficientemente alto para que todo el grupo escuche.

Los dos reprendidos niegan de inmediato.

— Leo tiene razón —Una joven sonríe nerviosa —, nos hemos esforzado tanto por ocultar esto que arruinarlo en un momento así sería una lástima.

— ¡Oigan! —La voz de otra fémina los llama. — ¿Se quedarán hablando con todo y pastel o vendrán? Está por sonar su alarma de las seis.

Todos se juntan en el pasillo próximo de la casa, dónde al final una habitación se alzaba.

La puerta blanca era lo único que se interpone entre ellos y el mayor que aún duerme.

El tic tac del reloj resuena desde la primera planta, atravesando todo el lugar que se queda sumiso ante el silencio que dejan quedar.

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