Capítulo 1

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Desde que Aerion Targaryen podía recordar, su mundo entero giraba en torno a Valarr Targaryensu primo.

En los pasillos de la Fortaleza Roja, siendo aún un niño de apenas diez años, Aerion se escondía detrás de las columnas de mármol con el corazón latiéndole tan fuerte que temía que alguien lo oyera, allí, en el patio de entrenamiento bajo el sol implacable de Desembarco del Rey, Valarr era un dios vivo, alto para su sus dieciséis años, hombros ya anchos de tanto blandir espadas de práctica, cabello oscuro que volaba como una bandera de plata pura cuando giraba sobre sí mismo, y ojos azules que parecían contener toda la furia y la belleza de los antiguos dragones, cada golpe que daba resonaba en el pecho de Aerion como un tambor de guerra, cada risa profunda y ronca que escapaba de su garganta hacía que el pequeño omega sintiera un calor inexplicable en el vientre, un anhelo que no entendía del todo pero que lo consumía.

Aerion era diferente, frágil, etéreo, con cabello plateado que le llegaba hasta la cintura como un río de luna líquida, ojos lilas y una piel pálida que se sonrojaba con facilidad, era el omega más joven de la rama principal Targaryen, el que todos protegían, pero en secreto, soñaba con ser algo más, el omega elegido de Valarr, el único al que su primo alfa miraría de la misma forma en que él lo miraba a él.

Pero nunca sucedió.

Cuando Valarr cumplió diecinueve años y anunció su compromiso con lady Kiera de Tyrosh omega de belleza exótica, piel oliva como el atardecer, ojos negros como la noche sin luna y una lengua tan afilada que podía cortar acero, Aerion sintió que el mundo se partía en dos, estaba en el gran salón cuando Valarr lo dijo, de pie junto a su padre Baelor, con esa sonrisa orgullosa y segura que siempre lo hacía parecer invencible, Kiera estaba a su lado, radiante, con una mano posesiva en el brazo de Valarr, Aerion junto a sus hermanos sintió que el aire se le escapaba de los pulmones, sus rodillas flaquearon tanto que tuvo que apoyarse en una columna para no caer.

Valarr nunca lo miraría y esa era la prueba.

Así que Aerion hizo lo único que podía, enterró ese amor tan profundo que dolía como una herida abierta, se obligó a sonreír cuando felicitó a su primo y se obligó a desearles felicidad, pasaro los años ya que hasta sus diecisiete años vivio en la Fortaleza Roja, cuatro años en los que vio la felicidad y el dolor de los dos embarazos que no podían ser, ya que en los primeros meses estos falleciendo en el vientre de kiera y luego, meses después, aceptó la mano de Mircell Tyrell.

Mircell era todo lo contrario a Valarr, amable, gentil, con ojos verdes cálidos como los jardines de Altojardín y una sonrisa que nunca exigía nada, no encendía fuegos en el cuerpo de Aerion, pero le ofrecía refugio, un hogar, estabilidad y cuando meses después de la boda, Aerion sintió la primera patada en su vientre, lloró de gratitud por fin tenía algo suyo, algo real y era feliz.

Vaerion Tyrell nació en una noche de tormenta que parecía querer romper los muros de Altojardín, el niño llegó al mundo con llantos que rivalizaban con los truenos, cabello plateado casi blanco, ojos verdes que brillaban como el jade recién pulido y una dulzura que hacía que Aerion se deshiciera cada vez que lo miraba, Mircel lo cargó con orgullo, besando su frente diminuta, y Aerion se convenció de que esto era suficiente, que el fuego que había sentido por Valarr era solo un recuerdo de juventud y que podía vivir sin él.

Pero los dioses antiguos, crueles y caprichosos, tenían otros planes.

La noticia llegó como un cuchillo en la oscuridad tres meses despues del nacimiento de Vaerion Tyrell-Targaryen, Valarr y Kiera habían perdido a su primer hijo, un varón que nació pero murio al dia siguiente, el duelo se extendió por toda la Casa Targaryen como una plaga silenciosa,  Aerion, por el deber familiar viajó a Desembarco del Rey, para el velorio del bebé y mostrar sus condolencias, con Mircel y el pequeño Vaerion.

En el instante en que entró en el gran salón y vio a Valarr y el tiempo se detuvo.

Valarr seguía siendo imponente pero ahora había grietas en su armadura perfecta, ojeras profundas, hombros ligeramente encorvados, ojos azules que parecían contener tormentas aún más oscuras, estaba de pie junto a Kiera, que yacía pálida y frágil en su lecho de convalecencia pero cuando levantó la vista y sus ojos se encontraron con los de Aerion… fue como si el mundo entero contuviera el aliento.

Aerion sintió que su corazón volvía a latir con la misma violencia adolescente de cuando se escondía tras las columnas para verlo entrenar, el aroma alfa de Valarr a humo, sal y cuero  lo golpeó como una ola

Intentó ignorarlo, entro al salon saludo a todos su familiares, su padre Maekar, sus hermanos y primos, su abuelo Daeron y se enfocó en consolar a Kiera, en cuidar a Vaerion, mostrándose como un primo preocupado, pero noches después durante una cena tensa donde el silencio pesaba más que las palabras, Mircel llevó al bebé a dormir y Kiera se retiró temprano, agotada por el dolor y la pérdida.

Aerion y Valarr quedaron solos en el balcón que daba al Aguasnegras.

Las olas rompían contra las rocas abajo como lamentos eternos el viento frío traía sal y promesas rotas,  Aerion solo quería ofrecer consuelo, se acercó, con la voz temblorosa.

—Lo siento tanto, primo —murmuró—. El tiempo… el tiempo curará esta herida y podrán tendran más hijos.

Valarr, con los ojos vidriosos por el vino tinto que había bebido para ahogar la pena, giró la cabeza hacia él, su aliento cálido rozó el rostro de Aerion, estaban tan cerca que podía sentir el calor de su cuerpo.

—No lo entiendes —gruñó con voz ronca y quebrada—. Era mi heredero… mi todo, sentí sus primeras patadas, lo escuché llorar y ahora los dioses me lo han arrebatado.

Se acercó más, demasiado, invadiendo el espacio de Aerion sin pedir permiso, Aerion sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal, el aroma de Valarr lo envolvió como una niebla, humo, sal, cuero y poder alfa puro, sus rostros se acercaron, narices rozándose, alientos mezclándose.

Y entonces Valarr lo besó.

Fue un beso torpe, desesperado, ebrio sus labios ásperos contra los suaves de Aerion, una mano grande en su nuca, tirando con urgencia, la otra en su cintura, apretándolo contra el pecho ancho, Aerion se quedó paralizado, el mundo girando en llamas, todo lo que había enterrado durante años estalló dentro de él como un volcán, sus manos subieron instintivamente al pecho de Valarr, aferrándose a la tela del jubón como si fuera lo único que lo mantenía en pie.

Pero Valarr, abrumado por el vino y el dolor, se tambaleó, sus rodillas flaquearon, se desplomó casi de inmediato, inconsciente, cayendo sobre el balcón con un golpe sordo.

Aerion se quedó allí, jadeando, con los labios hinchados y el corazón latiendo tan fuerte que pensó que se le saldría del pecho, tocó su boca con dedos temblorosos, el sabor de Valarr aún estaba en sus labios, vino tinto, sal, fuego y salio corriendo, huyendo como si Maegor Targaryen lo siguiera.

A la mañana siguiente fingió que nada había pasado.

En el desayuno, evitó la mirada de Valarr, en los pasillos, cambiaba de dirección cuando lo veia venir, en las cenas, se sentó lo más lejos posible, los días siguientes fueron una tortura exquisita porque cada mirada fugaz, cada roce accidental en un corredor, cada palabra cortada a medias era una puñalada de deseo y miedo.

Aerion se convencía de que era mejor así, que debía olvidar, que Valarr estaba casado, que él tambien estaba casado y tenía a Mircell y a Vaerion, que el beso había sido un error del vino.

Pero en su interior, el fuego se había encendido de nuevo.

Y esta vez, no había vuelta atrás.

El destino, cruel y caprichoso, acababa de abrir la puerta que Aerion había cerrado con tanto dolor y ahora, esa puerta no volvería a cerrarse nunca.







Esta es es una nueva idea que se me ocurrió, solo quiero decirles que en esta historia Valarr y Aerion no serán muy bueno asi que sigan leyendo

Fuego y Sangre EntrelazadosStories to obsess over. Discover now