04.02.2026
Era una noche más en la feria de mi ciudad. Como de costumbre todos los años, me gustaba ir a la feria aunque fuera sola dado que el ambiente, por muy irónico que suene, me transmite paz entre todo el bullicio.
Tras dar una vuelta por el recinto, me decanté por subirme a una de las atracciones que habían traído este año. La estructura era muy llamativa, parecía la roja torre de Tokyo. Sin embargo disponía de pocos asientos para la gran estructura de la que disponía. Se trataba de una atracción con arneses en el pecho, de estas típicas que van girando y haces que estés casi boca abajo.
Cuando me acerqué para comprar la entrada me di cuenta de la cantidad de gente que estaba esperando para montarse en la atracción, por lo que decidí aprovechar e ir a una que había al lado con menos personas esperando. Esta, en comparación con la otra, era una tipo montaña rusa, pero cubierta.
Mientras la cola avanzaba en esta atracción, iba mirando la estructura de la otra. Me maravillaba lo llamativa que era para tener tan pocos asientos.
Entonces, cuando estaba a punto de montarme en mi atracción, me pareció sentir que la atracción de la torre estaba como un poco más cerca. Me daba la impresión de que se había movido.
Me detuve a mirarla durante unos segundos fijándome bien en la estructura y entonces me percaté: la torre iba lentamente cayendo hacia nosotros.
"Se cae..."
Fue lo que el miedo me permitió decir casi en un susurro.
Los pocos que advirtieron mis palabras, se giraron y empezaron a gritar lo que veían: La atracción de la torre estaba dando tumbos. No terminaba de caerse por el propio movimiento de la atracción, pero no era estable. Los feriantes empezaron a dar ordenes para evacuar nuestra atracción mientras muchos otros se reunían en las proximidades de la atracción de la torre pensando en como pararla. Yo, como si supiera lo que estaba haciendo, también quise acercarme a ayudar. No llegue a estar muy cerca cuando de repente se hizo el silencio y todos vimos como la atracción, lentamente, caía sobre la contigua y el pico de la torre chocaba contra la montaña rusa. Entre todo el alboroto, me pareció dislilbrar a un hombre que parecía ser mi padre. Él también estaba tratando de hacer parar la atracción.
Tras unos segundos de absoluto silencio, la gente se recompuso y empezó a correr en diferentes direcciones: unos iban a la atracción caída, otros a la contigua. También habían personas que se dirigían a la entrada del recinto ferial, donde estaban los servicios de emergencia.
Yo, otra vez como si supiera lo que hacía, me metía entre los hierros para percatarme de si todos estaban bien o bueno, mejor dicho... Vivos.
Entre gritos, gemidos y mucho ruido, algunos me miraban con terror desde sus asientos, atrapados. Otros simplemente estaban pálidos y algunos incluso tenían una sonrisa nerviosa (estos eran los que salieron más ilesos).
Cuando vi que la situación estaba más o menos controlada, me di cuenta de que de la otra atracción aún salía gente.
Me acojoné. Las ganas de llorar se apoderaron de mí al escuchar entre llantos y chillidos que aún había gente dentro.
La estructura de la torre estaba sobre la otra atracción. No la había atravesado del todo, pero no sé sabía cuando tiempo iba a aguantar el peso.
Y, de nuevo mi lado salvador controlando mi cuerpo, corrí hacia allí. Una vez en la entrada escuché a mucha gente llorando repetir lo mismo, que había gente que seguía dentro de la atracción. Uno de los carros de la atracción se había volcado y estaban andando por los túneles tratando de encontrar la salida.
Un chaval y yo corrimos adentro para sacar a la gente que quedaba. Estaba todo tan oscuro... Nos ayudamos de nuestros móviles para iluminar el camino. Mientras íbamos por los túneles escuchábamos a personas pedir ayuda, gente herida chillando desconsolada o incluso otras que estaba perdidas por los túneles sin ver nada. Los fuimos ayudando y juntando poco a poco para llevarlos a la salida. De nuevo, me volvieron las ganas de llorar, de chillar, el miedo apoderarse de mí; pero no podía desplomarse todavía.
Tras asegurarnos de que no habían más personas por los túneles, nos encaminamos todos a la salida yendo yo la primera retomando el camino que hice con el chaval para entrar. Era extraño porque una parte de mi se sentía como cuando era una cría, jugando en los parques de juegos, subiendo por algunas zonas y bajando por toboganes... En algunas zonas no podíamos bajar si no era deslizandonos. Supongo que era mi cabeza tratando de encontrar algo para calmarme.
En la última parte alguien se quedó atrás y, seguido de sus gritos, empezamos a escuchar como la estructura estaba cediendo por el peso de la otra atracción. A todos les entró el pánico. Mi cuerpo quiso aguantar el pánico (aún no sé ni cómo) y fui a buscar al rezagado mientras los otros avanzaban. Para que no volviera a pasar, me quedé la última de la fila mientras corríamos por alcanzar al resto. Una vez juntos de nuevo, nos apresuramos todo lo que pudimos.
En la salida de la atracción, toda la estructura estaba cayendo a nuestras espaldas. Corrimos a la salida, pero el derrumbe me alcanzó por ser la última y parte de la estructura me cayó encima. Por suerte no me aplastó, solo me quedé atrapada desde el pecho hacia abajo.
No tardaron mucho en ayudarme a salir levantando entre todos la estructura. El chaval que entró conmigo me preguntó si yo estaba bien y, de forma muy insistente, quería ver la zona de mi costado, que era la que más me dolía. Pero me negué. No estaba aún tranquila, mi sistema de alerta aún estaba activado y lo que quería era que saliéramos todos del recinto lo antes posible.
Intranquila como estaba, me quedé de las últimas del grupo. Lo suficientemente atras como para verlos a todos pero no tanto como para estar fuera del grupo. Ahí fue cuando mi cuerpo se empezó a relajar y noté un dolor muy punzante en el costado izquierdo.
"Mierda... Creo que me rompí una costilla...".
Mientras caminaba junto con los demás el dolor crecía y crecía. Me estaba costando respirar.
Pero de pronto, me desperté. Desorientada, con el miedo en el cuerpo, aún escuchando los gritos, con muchísimas ganas de llorar y con un dolor muy punzante en la costilla izquierda, pero en mi cama... Sana y salva
