¿Qué pieza de ajedrez hubiese deseado ser María? Seguramente no escogería a La Reina. Elegante, dominadora, libre; pero no se consideraba a la altura de sostener tal título. Ello solo le traería amargura y, eventualmente, el repudio a lo que más amaba. Por lo mismo, tampoco hubiese elegido La Torre. Apreciaba la contundencia sin mucho esfuerzo, la simpleza al desplazarse, pero la ahuyentaba la responsabilidad que tenía la pieza en los momentos críticos. No, ella anhelaba conocer todo el tablero, sin deberle nada a nadie, como El Caballo. Rápido, atrevido, extravagante, que al ver la batalla podía escabullirse con un salto. Sí, María diría que este podía ser su animal tótem, no obstante, su movimiento no era de su agrado. Seguramente, si estuviera en el lugar del animal, se tropezaría a cada instante por un errático paso. Eso mismo, la hacía no menospreciar a los peones. ¡Que sencilla sería su vida si fuese como la de El Peon! Una ruta clara, paso sereno y si conseguía llegar al final, podía convertirse en alguien más. Una vida sencilla, de no ser porque siempre se corría el riesgo de caer primero. Ella no quería eso, prefería gozar de su vida y dejar que los demás hicieron y deshicieran sin que le afectasen, como El Rey. No tenía mayor trabajo que esperar en su lugar y ver lo que sus súbditos hacían. Aunque sabía que mucha gente buscaba matarlo, también sabía que mucha gente quería salvarlo. Y en todo caso, si las cosas se salían de control, tenía la opción de dar vueltas por el mundo hasta que sus rivales dijeran: Tablas. María amaría ser el Rey, de no ser por dos cosas: no tenía súbditos y, no le gustaba estar parada. Creía que la vida debía ser algo más que prolongar el inevitable Jaque Mate. Adoraba los placeres como el sueño, el ocio, la comida, la calma, pero no eran suficientes para rellenar el tablero. ¿Qué podía ser ella? Por mero descarte, solo quedaba el Alfil. Pieza rara, sin gracia, muy difícil encontrar un parecido con ella. Si acaso, y eso de forma forzada, sólo compartían esa cualidad de no interesarse en asuntos que no fueran los suyos, con eso de los cuadro negros y blancos. Pero hasta ahí. La diagonalidad, apariencia, función y ¿qué más? Por mera tristeza la joven debía tomar la mano del alfil. Matrimonio arreglado que, pensaba ella, no tardaría en romperse en cuanto apareciera un mejor candidato. ¿Quién podría ser?, ¿quien había olvidado asistir al gran baile del ajedrez? María soñaba con que, algún día, aparecería entre la llanura esa pieza con la cual sería una. ¿Quién podía ser? Un devoto padre, un gallardo bardo, una carismática princesa. ¿Quién sería?
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El Laberinto de Merlín
Paranormal"¿Puedo jugar?" Son las palabras que atrajeron a María "Caracortada", joven de 23 años, amante del ajedrez y la investigacion, cuando se encontro con aquel juego: "El Laberinto de Merlín". Intrigada, busca develar su origen y, tal vez, el remedio p...
