Los dispositivos móviles de todo el sector vibraban con la misma señal de alerta. Los noticieros interrumpieron las transmisiones con la misma noticia cargada de un aire de urgencia y preocupación.
— Estamos recibiendo imágenes en directo desde la plaza central— informo el presentador, ajustándose el auricular— Un flicker ha perdido el control. Como pueden ver en las imágenes, el daño a la propiedad es masivo y los civiles...
— Es un outbearer, Julian —lo interrumpio su compañera corrigiendo esa palabra denigrante— No usemos términos despectivos. Es un ciudadano con una crisis de manifestación.
— Es un criminal que está incendiando un centro comercial —replico sin mirar a la camara— Pero por suerte el Departamento de Intervención Directa ya está en la zona.
La cámara hizo un zoom frenético. Entre el polvo y el estruendo de las explosiones el equipo D.I.D. apenas lograba contener a una figura envuelta en fuego que atacaba de forma errática. Fue entonces cuando una furgoneta negra con el logotipo del CCS derrapó en el borde del perímetro.
— Aguarden —la presentadora exclamó con emoción que apenas pudo disimular— El equipo D.A.T acaba de llegar. La asistencia tactica se está posicionando.
Desde el vehiculo la primera en descender fue una rafaga de luz y color. Nijiko no corría, se deslizaba, a su alrededor el estruendo de las granadas de humo y los gritos de la multitud se transformaban en pinceladas. Cada detonación se convertía en una mancha cian que surcaba el aire, cada grito creaba una espiral violeta. Ella atravesaba aquel caos con una sonrisa reconfortante, impecable, simétrica, eterna.
— Ivy, despliega cobertura. Tamara, despeja el flanco izquierdo —ordeno el profesor Falcon. Su voz era el ancla del grupo, firme y carente de emoción.
Ivy asintió con un gesto tímido apenas perceptible. Al llevar sus manos al frente con las palmas abiertas, el aire frente a los civiles se distorsionó creando el holograma de un muro de contención reforzado que hizo que el atacante dudara, confundido por la solidez aparente del muro.
A unos pocos metros, Tamara gruño. No miro la escena, se agacho hundiendo los dedos en el pavimento destrozado. El polvo y los restos de concreto levitaron, compactandose en esferas negras que silbaron en el aire como balas de cañón, impactando en las extremidades del flicker para inmovilizarlo.
— ¡Esfuerzate un poco más, "princesa"! —mascullo Tamara entre dientes lanzando una mirada cargada de desprecio a la espalda de Nijiko— No te limites a salir bonita en la cámara.
Nijiko no respondió. No porque no escuchara sino porque el desprecio de Tamara era una mancha grisácea y sucia que no le facilitaba su objetivo en esta misión por lo que decidió ignorarla. Se arrodilló junto a un agente de D.I.D. herido, su mano firme y cálida se posó sobre el pecho del hombre.
— Tranquilo —susurró ella. Su sonrisa no desapareció ni disminuyo ni un milímetro aunque la sangre del agente salpicaba en sus botas- Escucha mi ritmo.
Nijiko cerró los ojos. El latido agónico del herido era como un tambor roto para ella. Entonces se centro en su propio corazón, busco en ella misma un pulso constante y metronómico y los sintonizo. Una luz cálida, del color del amanecer, brotó de sus dedos. Las fibras musculares del hombre comenzaron a tejerse de nuevo, cerrando sus heridas en segundos.
— Es un desperdicio —se burló León a sus espaldas, recostado contra un pilar con una peligrosa sonrisa de arrogancia— Sanar a estos idiotas solo para que vuelvan a cometer los mismos errores. Deberías dejar que se den cuenta de lo inútiles que son.
Falcon, observando todo, tocó el hombro de Tamara.
—Callate y dispara.
El calor en el centro comercial se volvió insoportable. El flicker no solo gritaba, su cuerpo emanaba ondas ígneas que derretían el pavimento. El equipo D.I.D. trabajaba contrarreloj, especialistas en hidroquinesis lanzaban chorros de agua a presión que se convierten en vapor al instante, mientras que aquellos que manipulaban el aire desviaban las lenguas de fuego para abrirle paso a Falcon y Leon.
YOU ARE READING
Outbreak
Teen FictionLa evolución humana decidió despertar para sobrevivir. Hace setenta años como respuesta a la agonía ambiental y la radiación, nacieron los outbearers, individuos capaces de desafiar las leyes de la física a un precio devastador: su propia estabilida...
