Capitulo 1: El anuncio.

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Era una mañana tranquila en la U.A., una de esas que parecían existir solo para quienes se levantaban antes que el resto del mundo.
El sol apenas comenzaba a filtrarse entre los edificios del campus, tiñendo el cielo de tonos pálidos, suaves, casi frágiles.

En la residencia de la clase 1-B, en el área de chicas, Yui Kodai despertó.

No fue por un ruido.
No fue por un sueño.
Fue simplemente porque su cuerpo así lo decidió.

Abrió los ojos sin sobresaltarse, sin expresión alguna. Su respiración era lenta, medida, como si incluso al despertar tuviera que conservar energía. Se incorporó con un movimiento preciso, limpio, sin torpeza. No bostezó. No se estiró. No hubo pereza ni desorden.

Todo en ella era rutina.

La habitación reflejaba perfectamente quién era ahora.

Las paredes eran claras, casi desnudas. No había pósters, ni peluches, ni recuerdos colgados al azar como en la mayoría de habitaciones de chicas de su edad. El escritorio estaba ordenado al extremo: una laptop cerrada, varios libros alineados con exactitud milimétrica, una libreta sin dobleces. La cama, perfectamente hecha, incluso antes de levantarse del todo.

No hacía frío.

Pero la habitación se sentía fría.

No por el clima, sino por la ausencia de algo que no se podía nombrar.

Yui se puso de pie, caminó descalza sobre el piso y se detuvo frente a una pequeña repisa. Ahí, entre libros de estudio y documentos de entrenamiento, había una sola fotografía.

Era la única que no había guardado.

La tomó con cuidado.

En la imagen aparecía ella… mucho más pequeña. Su cabello estaba un poco despeinado y su sonrisa era amplia, real, casi irreconocible comparada con la chica que sostenía la foto ahora. A su lado, un niño de cabello verde sonreía aún más fuerte, como si el mundo fuera un lugar seguro mientras ella estuviera ahí.

Yui observó la foto durante varios segundos.

No sonrió.
No frunció el ceño.
Pero sus dedos se apretaron apenas contra el borde.

Ese niño…
Ese niño ya no existía para ella.

O al menos, eso creía.

Dejó la foto en su lugar, exactamente en la misma posición, como si moverla un centímetro pudiera alterar algo que llevaba años sosteniendo con esfuerzo. Luego se acercó a la ventana y corrió ligeramente la cortina.

El cielo estaba amaneciendo.

Las nubes se movían lento.
El día comenzaba para todos… menos para ella.

Yui apoyó la frente contra el cristal.

Había algo en los amaneceres que siempre le provocaba una sensación extraña. No tristeza exactamente. Tampoco nostalgia abierta. Era más bien… una espera que nunca se iba.

Como si inconscientemente siguiera aguardando algo.

O a alguien.

Cerró los ojos por un momento.

Respiró.

No pensó en el pasado.
No se permitió hacerlo.

Porque pensar llevaba a recordar.
Y recordar dolía.

Cuando se separó de la ventana, su expresión volvió a ser la misma de siempre: neutra, contenida, impenetrable. Se cambió el uniforme con rapidez y precisión, sin mirarse demasiado al espejo.

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⏰ Last updated: Jan 30 ⏰

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