Capítulo 1

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El aire en mis brazos se siente fresco y me acompaña mientras avanzo hacia adelante, no obedeciendo los eternos nervios que siempre aparecen cuando voy a reuniones a solas con otras personas. La música que suena en mi cabeza mientras camino es lenta, pero constante. Es como una pista de elevador que nunca se puede detener. Solo se pausa cuando dejo de pensar en ella, usualmente interactuando con otras personas. No siendo así, los sonidos lentos y repetitivos de mi mente continúan.

Paseo por la ciudad a través de líneas amarillas y asfalto iluminado por las luces rojizas de los semáforos. Aunque mi mente esté un poco nerviosa por la exposición repentina con un mundo real que no me deja entrar en él del todo, sigo andando sin permitirme dudar sobre la moralidad de mis acciones. Entre la atmósfera de la tonalidad que me acompaña, no me dejo vencer por el hecho de estarme pudriendo lentamente.

No... Solo estoy siendo yo. Viviendo por mí mismo, para mí. Endurezco los gestos del rostro y vuelvo a enredarme entre un grupo de personas esperando el paso libre del semáforo. El viento nos golpea directamente y disfruto el frío en la piel que queda descubierta. Los vellos de mis brazos se erizan. El tacto de las personas indiferentes alrededor mío es, por algún motivo, gratificante.

Mis tenis nuevos pisan por la ruta hacia el comedor, rozando la parte trasera de mis tobillos expuestos a causa de los calcetines cortos. En estos días de verano se aproximan los primeros tiempos de lluvia. Ya me he preparado limpiando las tazas en las que me serviré café repetidas veces y veré por las ventanas como si de ahí se fuera a esclarecer un mejor futuro. Dudo que sea así, pero ¿qué hacerle?

Abro la puerta doble del comedor y me pongo a andar entre el ambiente caluroso con aroma a crema de manos. Las cuerdas de mi mochila se aferran a mis hombros conforme debilito la fuerza en ellos y mi piel se calienta como las paredes de un caldero. No me detengo y me encamino a buscar su pista entre las personas sentadas cenando a las siete y media de la noche, en las mesas de plástico blanco junto a las ventanas amplias que exhiben luces de ciudad, autos y edificios cubriendo las constelaciones del cielo nocturno.

A él le encantan estos comedores para nuestras citas clandestinas, porque aquí nadie ve a nadie a los ojos y muchos menos le prestan importancia al resto. Aquí no vienen familias de cuello rojo ni matrimonios susceptibles. Estas escapadas no siempre han sido lo que había soñado hacer para vivir, pero si no voy a morir no me puedo quedar estático. Aunque esté solo en el mundo como el único sobreviviente de aquella catástrofe, puedo permanecer estable a mi propio estilo. Mi propia manera de mantenerme existente. No puedo detenerme como alguien en estado catatónico si el mundo sigue girando.

Un poco ansioso y agitado, busco controlar mis nervios para que, por lo menos, no sean muy notorios desde la visión del resto. Lo encuentro en una de las mesas hasta el final del camino, como si se estuviera escondiendo, deslizando los dedos a través de su celular. Respiro profundamente y me quito la mochila, antes de sentarme en la banca frente a él y dejar mi equipaje junto al muro a un lado mío, pintado mitad rojo y mitad amarillo.

Acomodo mi cabello desorganizado por mi frente y lo arrojo hacia atrás, algo un poco inútil porque se vuelve a desorganizar rápido. No me corto el cabello desde hace mucho tiempo y apenas me empiezo a acostumbrar a llevarlo así, siendo eso algo que jamás había hecho cuando vivía con mi familia. Esos momentos parecen tan lejanos y hasta falsos. Pienso que esa fue otra vida, una serie de momentos en los que me sentía muy diferente.

—Logan, sí viniste —suelta Fred, como si pudiera haber dudado de mi capacidad de asistir a una cita con él: mi pareja con más del doble de mi edad.

—Por supuesto, ¿qué esperabas? —respondo con entusiasmo moldeado. En realidad, el ambiente del lugar se va relajando. Siempre el inicio es lo más difícil, después todo toma un ritmo estabilizado y al final del día nada sale mal.

Una vida paralelaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora