Era nuestro último año en secundaria. Íbamos a empezar la preparatoria y también era el último partido: de este dependía si ganábamos o no el torneo de voleibol escolar.
Lamentablemente, por varias razones, estaba en la banca. Era una larga historia para ese entonces...
Kitagawa era un gran equipo... o al menos eso pensaba antes del fatídico día.
O sea, hoy.
Este preciso momento en el que Kageyama Tobio, nuestro colocador, se había dejado ganar por la ira y la ansiedad.
-¡Solo tienen que ir más rápido! ¡Llegar a la pelota y... jugar más como...! -gritó Kageyama.
Quise golpearlo, pero terminé haciendo algo mucho peor que eso.
-¿Podemos recordar de quién es la maldita culpa de que yo esté aquí sentado? -dije.
-¡Nakamura! -intervino el entrenador.
-Yo... -intentó decir Kageyama.
-Voy a jugar -lo interrumpí-. Pon tu maldito trasero en la banca hasta que tu cabeza se enfríe.
Podía jugar. Según el doctor, estaba en condiciones de volver, pero el entrenador no quería presionarme. Al final, me metió al partido.
Ganamos.
Nos entregaron las medallas, pero los días de clase después de eso fueron incómodos para todos. Hasta que nos graduamos y pareció que todo se había resuelto...
Era una gran mentira.
Al menos yo y los demás nos llevábamos bien en ese momento, pero los chicos tenían razón: Kageyama se había vuelto un tirano. Y aun sabiéndolo, seguía flotando en su nube de ego, una que creí haber logrado atravesar.
-No lo decía en serio -murmuró.
-¿Que cualquiera me puede reemplazar? -respondí-. Lo dijiste muy en serio, Kageyama.
Me miró sorprendido unos segundos antes de decir la cosa más idiota que había escuchado en mi vida.
-Tobio.
-¿Hmm?
-Nada... solo hablaba del voleibol.
-Búscate a alguien más que juegue contigo.
-Prometimos que jugaríamos juntos.
-Eso fue antes de saber lo reemplazable que era -dije con frialdad-. Reemplázame. Búscate un nuevo peón, rey.
-¡Ya basta con eso! ¡Tú también!
Estábamos gritándonos. Kageyama gritaba. Estábamos a mitad de la calle cuando, al escuchar otra voz, se quedó callado.
-¿Qué? ¿Ni siquiera nos conocen? -continué-. Ah, cierto... todavía no lo aceptas. El señor perfecto no puede...
-Basta.
-¿Qué? ¿Es tan antinatural? Pero te gusto. Te gusta estar conmigo...
-Eso...
-Shhh... nadie puede enterarse -susurré-. Por eso estaba en tus planes terminar conmigo, ¿verdad?
-Tú... ¿cómo?
-Porque eres predecible, rey bastardo. Tengo que hacer felices a mis padres, no defraudarlos... "Maki es solo un amigo", "estar con otro chico es-"
-¡Yo nunca dije...!
-¿No lo hiciste? ¿No era tu letra en mi pupitre? ¿No lo decías abiertamente?
¿En serio no sabes leer el ambiente? ¿O crees que Oikawa te odiaba por capricho?
Más de una vez detuve a alguien para que no te golpeara, gran bocazas... incluso a nuestro agradable senpai Iwaizumi.
Ya dejé de soportar tu mierda. To-bio. Piérdete.
-No lo entiendes -dijo, con la voz temblando-. No sabes lo difícil que es decirle a tu familia esta clase de cosas...
-No te atreverías a-
-Tú no tienes una verdadera familia -escupió-. Solo eres un huérfano con suerte.
...
-Espera... eso no era... nada de esto era lo que quería decir -balbuceó-. Decirte.
-¿Entonces?
-Lo que quería decirte era que...
Escuché voces detrás de nosotros y las reconocí enseguida: eran del club de básquetbol.
¿Qué era más importante para Kageyama? ¿Las apariencias o...?
¿A quién engaño? Ya sabía la maldita respuesta.
Slap.
Sentí la mejilla arder durante unos segundos antes de escuchar:
-¿Qué te sucede, Kageyama?
-Este maldito...
-Ya fue suficiente. Lo dejamos pasar porque solo eran notas y bromas, pero esta vez fuiste muy lejos.
-Pero solo es...
-Es tu maldito compañero de equipo. Fue el único que se acordó de ti cuando tuvimos que evacuar el salón. Te salvó aun cuando le hacías la vida imposible... ¿y ahora lo golpeas?
-No importa -dije-. Probablemente le duele más la muñeca que a mí la cara.
-Nakamura, esto no está bien... tienes que-
-En serio, estoy bien -interrumpí-.
Este maldito antinatural, marica, bazofia huérfana, fenómeno... se va.
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Wings Remake 2.0
FanfictionEs la misma historia pero reescrita porque siento que la primera fue bien poronguienta.
