Prólogo

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¿Qué significa ser fuerte?

«Fuerza», esa palabra significó una parte elemental de la vida, la forma más pura de la energía. Si la controlabas, controlarías todo. Ya que teníamos en mente el tamaño de lo que significaba, esto llevó a una pregunta muy curiosa: ¿qué pasaría si una sola persona tuviera el poder más puro de la naturaleza?

En el mundo korpiano, las personas nacen con características especiales implantadas en su genética. A este rasgo tan peculiar se le llama mutación: habilidades que modifican la biología del cuerpo en beneficio de su portador. De todas estas habilidades hay una tan temida y a la vez respetada que, al tenerla, se te da el derecho de gobernar sobre toda la raza.

Esta mutación no tiene un nombre como tal. Se caracteriza por otorgar a su portador una fuerza, resistencia y control perfectos sobre su cuerpo y mente. A lo largo de la historia korpiana solo ha habido dos personas que nacieron con ese poder especial: dos mujeres que marcaron la historia de los suyos y cambiaron el rumbo de su raza.

A estas mujeres korpianas se les conoció como «Las Emperatrices». Cada una apareció en un momento clave de la historia para ayudar a su pueblo.

La primera Emperatriz emergió en el punto más bajo de la raza korpiana, cuando eran sometidos por una raza superior. Ella se alzó en poder y guio a su pueblo hacia la libertad, consiguiendo su autonomía.

Después llegó la Gran Guerra: un conflicto mundial en el que ambas razas se enfrentaron. Años, décadas y siglos pasaron en esa guerra que parecía no tener fin. Hasta que apareció la segunda Emperatriz: una mujer de clase alta, con un carácter fuerte. Con su titánica fuerza y su pasión por ayudar a los suyos, mantuvo a raya al enemigo. Gracias a ella, los korpianos volvieron a tener esperanza en poder triunfar.

Así llegó la paz. Ambas razas llegaron a un acuerdo mutuo y convivieron entre ellas. Las décadas pasaron en armonía, y como consecuencia la raza korpiana se fragmentó en distintos reinos. Las clases sociales comenzaron a dividirse notoriamente. Este comportamiento siguió por siglos, hasta que ya no quedó nada de lo que en antaño fue.

Ahora, más que un problema externo, surgió desde dentro en forma de discriminación hacia las clases bajas. El poder aristocrático se alzó y las familias reales adquirieron poder absoluto sobre todo lo que su reino tocara.

¿Será que el mundo necesita una nueva Emperatriz?

Heller Where stories live. Discover now