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El Valle de las Espinas a no era un valle

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El Valle de las Espinas a no era un valle.
O al menos, no como lo recordaban los libros antiguos. Donde antes crecían flores luminosas y se escuchaban risas etéreas, ahora solo quedaban restos ennegrecidos de torres caídas, raíces secas emergiendo como huesos desde la tierra y un silencio tan pesado que dolía en los oídos. Desde el exterminio, se había prohibido la existencia de cualquier ser mágico. Hadas, espíritus, criaturas antiguas… todos habían sido cazados, expulsados o reducidos a cenizas.
Nadie vivía allí. Nadie debía hacerlo.
Por eso no entendía cómo había llegado tan lejos.
Había perdido el rumbo horas atrás, cuando el sol comenzó a ocultarse tras montañas que no recordaba haber visto antes. El bosque se volvió espeso, las sombras se alargaron y, cuando quise darme cuenta, estaba caminando entre ruinas cubiertas de espinas negras que parecían moverse con el viento.
Y entonces lo vi.
El castillo se alzaba en lo profundo del valle como una herida que se negaba a cerrar. Sus torres estaban agrietadas, cubiertas de enredaderas secas, y aun así… imponía. No era un lugar abandonado del todo. Había algo ahí. Algo que observaba.
Tragué saliva.
No era el mejor lugar para buscar refugios, pero la noche caía rápido y el frío comenzaba a calarme los huesos. Reuní valor y crucé las enormes puertas de piedra, que sorprendentemente cedieron con un leve empujón.
Dentro, el silencio era aún más profundo.

___:¿Hola?

mi voz resonó, demasiado fuerte para mi propio gusto

___:¿Hay alguien?

Por un momento pensé que había cometido un error. Que nadie respondería. Que solo el eco me devolvería mi propia voz.
Entonces, desde lo alto del castillo, algo habló.

X:Ya se ha hecho de noche....Vete.

La voz no era humana. Era grave, antigua, cargada de una autoridad que hizo que mi corazón diera un salto brusco.

___:¿Eh…?

miré alrededor, buscando el origen

___:¡Hola!

añadí, forzando una sonrisa que nadie podía ver.
Un sonido pesado, como el roce de escamas contra piedra, resonó en la sala. Desde las sombras del trono emergió una figura imponente.
Un dragón.....
Sus escamas oscuras reflejaban la poca luz que entraba por los vitrales rotos. Sus ojos, brillantes y afilados, se clavaron en mí con una mezcla de fastidio y cansancio. Estaba sentado en un trono de piedra, demasiado grande incluso para él, como si aquel lugar hubiera sido construido para algo que ya no existía.
Alguna vez fue un príncipe. Eso se notaba. En su postura, en la manera en que sostenía la cabeza, incluso en el desprecio contenido de su mirada.
Pero ahora solo quedaba un dragón solitario… y miserable.

X:¿Qué quieres?

Preguntó, con el ceño fruncido, claramente molesto por mi presencia.
El aire se volvió pesado. Sentí cómo mis manos comenzaban a sudar.

___:P-perdón si lo molesto

dije, nerviosa, bajando un poco la mirada

___:pero estoy perdida.

El dragón me observó de arriba abajo, como si estuviera evaluando si valía la pena seguir escuchando. No hubo compasión... Ni curiosidad....

X:Eso… no es mi problema.

Su tono fue duro, frío, como una puerta cerrándose en mi cara. No mostró el menor interés en mí ni en mi situación.
Me quedé en silencio unos segundos, procesando la respuesta.
¿En serio?

___:Oye…

Levanté la cabeza, frunciendo el ceño

___:qué grosero.

Sus ojos se entrecerraron peligrosamente.
El dragón no parecía acostumbrado a que le respondieran así. Mucho menos a que alguien lo reprendiera en su propio castillo.

X:No deberías estar aquí
gruñó

X: Este valle está maldito. Y yo no recibo visitas.

X:Pues yo no pedí venir

repliqué, cruzando los brazos...

___:Me perdí. Y créame, si hubiera sabido que aquí vivía alguien tan antipático, habría seguido caminando.

El silencio que siguió fue tenso.
Por un instante pensé que me echaría a patadas… o peor.
Pero algo cambió.
No fue su expresión, ni su postura. Fue el leve cansancio que se filtró en su mirada, como si llevara siglos soportando el mismo peso.

X:Vete antes de que cambie de opinión

dijo finalmente

X:cuando amanezca, el valle no perdona.

Miré hacia la puerta. Afuera, la noche ya lo había cubierto todo.

___:No puedo

admití en voz baja

___: Si salgo ahora… no sobreviviré.

El dragón apretó los dientes.
Yo tampoco sabía por qué seguía ahí. Quizá era miedo. Quizá intuición. O quizá, muy en el fondo, ambos estábamos más solos de lo que queríamos admitir.
Y aquella noche, en el castillo de un dragón que ya no era príncipe, algo que llevaba mucho tiempo dormido… comenzó a despertarse.

"Cenizas, espinas y tu nombre"Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora