Conspiracion.

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En un rincón poco iluminado de un restaurante de comida rápida en Central City, el contraste no podía ser más extraño. Richard John Grayson Wayne, con apenas nueve años y el uniforme de Robin cubierto por una fina capa de polvo y hollín de batalla, devoraba una hamburguesa con la voracidad de quien ha pasado horas patrullando. Frente a él, un joven Wally West asentía rítmicamente, con las mejillas infladas por una ración excesiva de papas fritas.

—Es que no tiene sentido, Wally —soltó Dick. Su voz conservaba el timbre agudo de la infancia, pero sus palabras poseían una carga de seriedad analítica que parecía impropia de un niño.

Wally dejó de masticar. Tenía la mejilla inflada con al menos cinco papas fritas, pero sus ojos verdes estaban fijos en la servilleta donde Dick, con una precisión aterradora, dibujaba un un diagrama complejo sobre una servilleta de papel.

—Bruce tiene miles de millones de dólares. Podría comprar una isla remota en el Pacífico, blindarla con capas de plomo y construir una caja de contención cinética de última generación. Sin embargo, persiste en el sistema de Gotham. El error de Arkham no es de seguridad, es un error de concepto social.

Wally no se quedaba quieto. Nunca. Incluso sentado en aquel rincón grasiento de Central City, sus pies repiqueteaban contra el suelo a una frecuencia que hacía vibrar ligeramente el salero. Mientras Dick hablaba, Wally no solo escuchaba; procesaba la información a la velocidad del rayo mientras despachaba su tercera ración de papas fritas. Para Wally, ver a Dick (su mejor amigo, el chico que debería estar pensando en cromos de béisbol) diseccionar la psique de un maníaco con ketchup y lógica fría, era como ver un choque de trenes en cámara lenta: aterrador, pero no podías apartar la vista.

—El Joker necesita un público —continuaba el pequeño Dick, sin despegar la vista de su diagrama de ketchup—Es un depredador de atención. Si lo confinas en una celda donde el personal rote semanalmente para evitar cualquier vínculo emocional, y donde tengan prohibido hablarle o incluso sostenerle la mirada, su arma principal, la manipulación, se oxida. Sin audiencia, su narrativa se colapsa.

Dick se inclinó hacia adelante, detallando el sistema con una lógica que dejaría al propio Batman sin aliento:

—Aislamiento Geográfico. La prisión debe ser un punto ciego en el mapa. Si no conoce la ubicación, no puede tener guardias comprados esperándolo afuera ni cómplices trazando túneles. El Joker escapa porque conoce las salidas de Gotham mejor que los arquitectos.

—Diseño de Contención. La celda debe estar revestida de un polímero acolchado de alta densidad. Sin marcos de cama, sin resortes, sin muebles. El mismo material de la pared sirve de descanso. No hay televisión, no hay radio, no hay ventanas. El objetivo es la deprivación sensorial total: si no sabe si es mediodía o medianoche, su reloj biológico se rompe y su cerebro no puede procesar un plan.

—Logística de Suministros. Nada de cubiertos metálicos o plásticos rígidos. La comida debe ser tibia, de consumo manual o servida con utensilios elásticos imposibles de afilar o romper. Se entrega a través de una esclusa automatizada; contacto humano cero.

—Protocolo de Higiene y Registro. Durante su hora de aseo, el traslado debe ser una operación de seguridad ciega. Mientras él es escoltado, su celda es revisada y desinfectada por un equipo distinto. Se le inspecciona al salir y al entrar. Cámaras en el baño, cámaras en los pasillos... pero ninguna dentro de su celda. No quiero que use el cristal de un lente o un cable de cobre como una ganzúa o un arma.

—Amigo, hablas como si estuvieras programando una supercomputadora en el satélite de la Liga —interrumpió Wally, con la voz ligeramente amortiguada por las papas—Es... brillante, de verdad. Pero también es un poco aterrador. Te falta decir que hay que lanzarlo a la Zona Negativa y ya tenemos el combo completo.

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⏰ Last updated: Feb 03 ⏰

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