Cuando percy regresó al campamento estuvo lleno de problemas por resolver, en busca de libertad y escapar de todo eso almenos por unos minutos fue a su lugar favorito, la orilla de la playa, donde extrañamente habia un chico, el chico que le cambiar...
El Campamento Mestizo de noche solía ser agradable, sin tanto ruido y el molesto sonido de las espadas chocando por todos lados, pero esa noche el mar estaba tan extrañamente tranquilo, yo caminaba por la arena, tratando de despejarme la mente, pensando que sería el unico con sueños pesados en ese lugar.
Pero qué equivocado estaba.
Me detuve de golpe cuando lo vi, sobre una roca que sobresalía del agua estaba un chico pelinegro.
Mi primer pensamiento, antes incluso de que mi cerebro pudiera procesar qué hacía alguien allí tan tarde, fue simple y directo, "Es hermoso."
No era solo "atractivo" como los demás campistas, tenía una belleza inexplicable, me hizo dar un paso atrás por puro instinto, me quedé congelado en la arena, sintiendo cómo mis mejillas empezaban a arder a pesar de la brisa fría. (Amor a primera vista, si ok no tengo ideas)
«Tiene que ser un hijo de Afrodita», pensé de inmediato, no había otra explicación, tenía que ser uno de los hermanos de Piper, alguien que acababa de llegar y que por alguna razón había decidido bendecir el mar con su presencia, pero mientras lo miraba, me di cuenta de que no tenía esa intensidad coqueta de los hijos de la diosa del amor, él emanaba algo más profundo, una calma que me envolvía y hacia estremecer.
Su perfil era perfecto bajo la luna, y la forma en que el viento le movía el cabello me dejó completamente hipnotizado, sentí un tirón en el estómago que no tenía nada que ver con el hambre ni con el mar, era puro nerviosismo, mis manos empezaron a sudar y, por primera vez en mi vida, me sentí torpe.
Quise acercarme, decirle algo, cualquier tontería para que me mirara, pero las palabras se me quedaron atoradas en la garganta, ¿Qué le dices a alguien que parece un ángel caído en medio de la playa?
Me quedé allí, oculto a medias por la oscuridad de las dunas, simplemente observándolo, tenía miedo de dar un paso y que el ruido de la arena bajo mis pies rompiera el hechizo, el seguía mirando el mar, con una expresión seria, como si estuviera escuchando algo que yo no podia escuchar.
No sabía su nombre,no sabía de dónde había salido.
Pero en ese momento, mientras mi corazón martilleaba contra mis costillas, supe que estaba perdido.
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