un día cualquiera

486 59 6
                                        

Wooyoung, un joven de 25 años, era un solista famoso por dos razones muy distintas.

La primera era su voz.
Dulce, clara, capaz de colarse por las grietas del alma y quedarse ahí, como un recuerdo bonito que no sabías que necesitabas. Cantaba sin forzar, como si no estuviera intentando impresionar a nadie, y aun así lograba que miles de personas se sintieran vivas.

La segunda era su sonrisa.
No la de escenario, sino la que aparecía cuando cocinaba frente a la cámara que parecía como si estuviera en su propia casa.

Cuando se equivocaba con una receta.

Cuando se manchaba las manos de harina y reía solo, avergonzado.

Ahí era simplemente Wooyoung.

Los programas de cocina empezaron casi como una broma.

Un espacio pequeño, sin expectativas, donde podía hablar de sabores y recuerdos en lugar de notas altas y coreografías perfectas. Pero con el tiempo, se volvieron su refugio.

—Cocinar me calma —había dicho una vez—. Aquí no tengo que ser perfecto.

Y era verdad.
Fuera de cámara, Wooyoung era alguien sensible.
Atento a los detalles.
A las miradas que duraban un segundo más de lo normal.
A los silencios.

Amaba a sus fans con una honestidad casi peligrosa. Leía cartas, guardaba regalos pequeños, recordaba rostros. A veces, incluso, nombres. No porque se esforzara, sino porque para él no eran números.
Eran personas.

Había fans ruidosos, brillantes, seguros.

Y también estaban los otros.
Los tímidos.
Los que dudaban antes de hablar.
Los que parecían pedir perdón por existir.

Wooyoung siempre los notaba primero.
Quizás porque, en el fondo, él también había sido así alguna vez.

______________________________________

San no hablaba mucho de Wooyoung con nadie.
No porque le diera vergüenza gustar de un cantante, sino porque lo sentía demasiado íntimo.

Lo veía mientras desayunaba, con el celular apoyado contra la taza de café.

Lo escuchaba camino al trabajo, con los audífonos tan fuertes que el mundo desaparecía.

Los programas de cocina eran su debilidad.

Le gustaba verlo reír solo, equivocarse con una receta, limpiarse las manos en el delantal como si no hubiera cámaras.

A veces pensaba que si Wooyoung lo conociera en persona, no le gustaría.

Porque San no era suave.
No era pequeño.
No era alguien que pasara desapercibido.

Y para el mismo San...
San era un problema.
No porque no lo amara —lo amaba demasiado — llegando a un punto excesivo
Compraba toda la merch.
Versiones A, B, C, edición limitada, llaveros, poleras que jamás se atrevía a usar afuera.
Tenía una repisa completa dedicada a Wooyoung, ordenada con un cuidado casi reverencial.
Pero había algo que jamás hacía.
Y eso era ir a un fanmeeting.

Y claramente no era que no quisiera, claro que no pero el miedo a ser juzgado era mucho mayor del que creía poder soportar

Cada vez que veía fotos de esos eventos sentía un nudo en el estómago. Chicas lindas, chicos tiernos, fans con sweaters grandes y sonrisas tímidas.
Y luego estaba él.
Alto.
Espalda ancha.
Brazos marcados incluso con polera.
Cara seria por costumbre.

—Va a pensar que soy raro —murmuraba cada vez que veía el anuncio de uno nuevo—. O peor… que doy miedo.

Así que se conformaba con mirar desde lejos. Videos grabados por otros, fancams borrosas, transmisiones en vivo donde Wooyoung sonreía directo a la cámara como si hablara solo con él.

SUPER IDOL - SANWOOCerita yang bikin terobses. Temukan sekarang