PRÓLOGO
Porque, a pesar de todos los momentos que pasaron, no podía dejarte... no podía decir adiós. Era difícil, más difícil que un amor; algo tan importante como tú en mi vida, y que te hayas ido. Sentí un abandono terrible cuando fuimos las dos las que tomamos la decisión de alejarnos. Hoy...
Me duele saber que no estás. Te extraño, te quiero... te necesito. Aquel mensaje de despedida, más que una discusión, se convirtió en arrepentimiento; día tras día, un peso inevitablemente intenso. Al final de todo, nunca me quedé con el "qué hubiera pasado si", porque hice lo que pude para poder volver a hablar sobre la amistad. Dejé de insistir y de ser intensa en el momento de tratar de recuperarte, porque sé que hay cosas que no se pueden arreglar.
A veces, a los humanos nos gustaría volver al pasado, pero lo hecho, hecho está. Las acciones, los errores, las palabras, las peleas... todo. De lo que uno se arrepiente no tiene vuelta atrás, pero sí tiene una solución: hablar las cosas y el perdón.
Ese mensaje que te envié a las cinco de la tarde, desesperada porque lo único que pensaba era en que te extrañaba profundamente, era la única esperanza que tenía para poder volver a tenerte a mi lado. Lo que más odié fue aquella respuesta a las seis...
No importaba la hora en que me respondiste, importaba lo que decía. Aquello me destrozó; no podía más al leer ese "te aprecio", y que ya no lo podías seguir haciendo a mi lado me dolió aún más...
Porque todos los días pensaba que odiarte sería lo mejor, porque si te extrañaba solo me dolería. Al final y al cabo, no me di cuenta de que las dos eran la peor opción. Perdóname por todo el daño que te hice y por donde te arrastré. Lamentablemente, ya no podremos estar juntas; esas promesas de "viviremos juntas" ya no existen.
Extrañaré esos ojos, tus pestañas, tus pecas, tu pelo largo, tus lunares, tu sonrisa, tu perfume... Todo de ti quedará en mí. Esto nunca podrá ser un adiós de las dos; será un adiós tuyo, porque tú siempre permanecerás en mí.
Dicen que lo que más cuesta de la vida es salir de una enfermedad mortal, pero creo que lo más difícil es luchar contra un sentimiento que estás reprimiendo o, aunque lo confrontes, siempre estará ahí. Ese es mi caso: que mi amor por ti es tan incondicional , ahora cargo con este amor que no tiene a dónde ir.
Te miro, te encuentro y no evito poder extrañarte... estás en mis sueños y más. Me hubiera gustado haber estado más tiempo para ti. Fuiste la única que se quedó cuando nadie estaba. La verdad, me enoja no haberte buscado antes; no lo hice porque no quisiera, lo hice porque no era capaz de enfrentar mi miedo al rechazo por el tipo de persona que eras.
Seré la única que logrará amar cada defecto de ti, bajo la luna, las estrellas, el sol y las nubes Aunque ya no estés, aunque el tiempo pase mi amor por ti seguirá existiendo en silencio.
