Estaba bien, todo estaba bien... Todo estaría bien, es lo que decía mi Madre el día en que nací.
No me di cuenta al instante, que la sangre ya había estado recorriendo mis manos desde ese momento en que abrí los ojos por primera vez, asesinándome me a mi mismo, asesinando todo a mi alrededor. Esa flor que se hacía llamar mi "Madre" estaba en sus últimos momentos, sus pétalos se marchitaban... La odie, la odie por haberme dado un amor cálido que me abandonaría justo después de nacer para dejarme en soledad con un invierno eterno.
Pero-
Todo estará bien, ¿no es así? Me lo prometiste, así que, estaré bien a mi manera. Yo, con estos ojos inyectados en amargura, no veo la diferencia entre el Sol y la Luna; creceré como debe ser y una sonrisa forzada en locura forjaré.
Si, de esta forma debe ser, mi rostro también estará completo una vez arranque la piel de un mundo entero otra vez y mi cuerpo en sincronía con la perfecta armonía de la muerte también será completado pues la vida gozará en mi existencia.
¿Cuánto tiempo ha pasado desde que abandone mi humanidad? Ya no recuerdo el color de mi Madre, solo estoy... Siendo controlado por la cordura sujetada a sus palabras; palabras que engendraron la maldad en mí, me muevo con las esperanzas de encontrar mi fin, para deshacer mi voluntad quebrantada... Para acabar con lo que me convertí... Un Heraldo de la Blasfemia, un Oráculo de la Oscuridad... un Títere de la Desquicia.
Sin embargo, no tengo manera de regresar ni de irme, deberé viajar entre las dimensiones del sufrimiento por más tiempo del que la oscuridad podrá vivir, superando los límites de la creación. Seré lo último que quedará aquí, seré lo que mi Madre había deseado... "Un Origen".
