Capítulo 1: Ruido, silencio y un día normal

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El timbre sonó con la misma intensidad de siempre, ese sonido que para algunos marcaba el inicio de algo aburrido y para otros, simplemente, el inicio del caos.

Diego entró al salón arrastrando la mochila como si pesara más que él. Era bajo, demasiado para su edad, con el cabello castaño un poco largo cayéndole sobre los ojos y una expresión distraída.

—¡Llegué! —anunció sin que nadie se lo pidiera.

Varias cabezas se giraron. Algunas rieron. Otras suspiraron.

—Como si no se notara —murmuró alguien al fondo.

Diego sonrió, dejó su mochila caer junto a su pupitre y se sentó de cualquier forma, estirando las piernas, balanceando la silla. Era inquieto, imposible de ignorar.

En el pupitre de la ventana, Yoshiro ya estaba ahí.

Sentado derecho. Audífonos puestos. Un libro abierto entre las manos.

Alto, cabello rizado desordenado de manera perfecta, lentes que le daban un aire aún más serio. Parecía no pertenecer al mismo lugar que Diego.

Diego lo miró.

Yoshiro no levantó la vista.

—Oye, cuatro ojos —dijo Diego, apoyando el codo en su mesa—. ¿No te duele el cuello de estar siempre tan tieso?

Yoshiro pasó la página con calma.

—Buenos días para ti también —respondió sin mirarlo.

Diego chasqueó la lengua.

—Qué pesado eres.

—Y tú muy ruidoso.

Algunos compañeros rieron. Otros ya estaban acostumbrados. Era una escena común, casi parte de la rutina.

La profesora entró justo cuando Diego iba a responder algo peor.

—¡Buenos días! —saludó—. A sus asientos, por favor.

Diego se dejó caer en la silla, fingiendo educación al instante. Espalda recta. Silencio perfecto. Un ángel.

Yoshiro alzó la vista por un segundo, notando el cambio tan exagerado que casi parecía una burla.

...

El día avanzó entre clases.

Diego no escribía apuntes completos, pero respondía cuando lo llamaban. A veces ni miraba el cuaderno.

Yoshiro sí tomaba notas. Ordenadas. Limpias.

En educación física, Diego se sentó en las gradas apenas pudo.

— ¿No participas otra vez?... —comentó un compañero.

—Odio correr —respondió sin culpa.

Yoshiro, en cambio, estaba en la cancha. Jugaba básquet con movimientos tranquilos, precisos. No era el más ruidoso ni el que gritaba órdenes, pero todos lo seguían.

Diego lo miró desde lejos.

—Se cree mucho —murmuró.

...

En el recreo, Diego estaba rodeado de gente. Hablaba, reía, saltaba de un tema a otro.

Yoshiro estaba sentado bajo un árbol, leyendo mientras escuchaba música.

—¿Apostamos a que Diego no aguanta cinco minutos sin molestarlo? —susurró alguien.

Diego apareció frente a Yoshiro segundos después.

—¿No te cansas de estar solo?

Yoshiro alzó la mirada.

—No estoy solo.

—Claro que sí.

—Prefiero esto a estar rodeado de ruido.

Diego frunció el ceño.

—Eres insoportable.

—Igual que tú.

Silencio.

Diego se apartó primero, fastidiado.

...

Por la tarde, Diego se fue directo a casa.
Puerta cerrada.
Audífonos.
Pantalla encendida.

Videojuego de estrategia.
Su refugio.

Ahí no había ruido.
No había expectativas.
No había Yoshiro.

Ganó una partida sin esfuerzo.

Sonrió por ello.

Yoshiro, en cambio, fue a entrenar básquet.
Movimientos controlados.
Respiración estable.

Cuando terminó, se sentó, tomó agua... y, sin querer, pensó en Diego.

En lo mucho que hablaba.
En lo poco que decía en realidad.

Frunció el ceño.

—Molesto... —murmuró.

Pero no pudo dejar de pensarlo.

El día terminó sin tragedias.
Sin golpes.
Sin gritos.

Un día normal...


📖 Diario de Diego

Hoy fue un día normal. O eso creo.

El colegio estuvo igual de ruidoso de siempre, y yo también. Hablé con medio salón, me reí, molesté a algunos... especialmente a Yoshiro. No sé por qué siempre termino haciéndolo. Es casi automático.

Yoshiro sigue siendo insoportable. Siempre tan tranquilo, tan serio, como si nada le afectara. Ignorarme debería hacerme sentir mejor, pero solo me da más ganas de fastidiarlo.

Después de llegar a casa jugué un rato. Me concentré y el ruido en mi cabeza se apagó un poco. Eso siempre ayuda.

Mañana será igual. Seguro.

📖 Diario de Yoshiro

El día transcurrió con normalidad.

Las clases fueron tranquilas. El entrenamiento estuvo bien. Me gusta cuando todo sigue un orden.

Diego, como siempre, fue ruidoso. Cambia de humor muy rápido y nunca sé qué versión de él aparecerá. A veces provoca solo para ver reacciones. No entiendo por qué lo hace conmigo.

Aunque hay momentos en los que me pregunto cómo puede pasar de ser tan molesto a quedarse completamente callado en segundos.

No es algo importante.

Mañana será un día más.

Amor adolescente: No te soporto (la mayor parte del tiempo)Stories to obsess over. Discover now