Britanny
Hay personas que llegan a tu vida sin pedir permiso.
No hacen ruido al entrar. No prometen cambiar tu mundo. Simplemente aparecen... y, sin que te des cuenta, comienzan a formar parte de tus días.
Al principio son solo un nombre más, una conversación cualquiera o una sonrisa que pasa desapercibida. Caminan a tu lado sin que imagines que, algún día, ocuparán un lugar tan importante que será imposible recordar cómo era la vida antes de conocerlas.
Es curioso cómo funciona el destino.
A veces creemos que los grandes cambios llegan con señales extraordinarias: una fecha especial, un viaje inesperado o un momento que parece sacado de una película. Pero casi nunca ocurre así. Los cambios más importantes suelen esconderse en los días más comunes, esos que parecen destinados a perderse entre cientos de recuerdos sin importancia.
Un lunes cualquiera.
Una conversación cualquiera.
Un "hola" dicho casi por casualidad.
Y, sin embargo, ahí empieza todo.
Si alguien me hubiera dicho que una simple palabra cambiaría mi vida para siempre, probablemente me habría reído. Habría seguido caminando sin prestar atención, creyendo que el amor era algo que les ocurría a otras personas, no a mí.
Nunca fui de esas chicas que soñaban despiertas con encontrar a su príncipe azul. Claro que me gustaban las historias románticas, las películas donde dos personas parecían destinadas a encontrarse y las canciones que hablaban de amores eternos. Pero siempre pensé que esas cosas pertenecían a la ficción.
La realidad era diferente.
La realidad estaba llena de personas que prometían quedarse y terminaban marchándose.
Aun así, había una pequeña parte de mí que seguía creyendo que, algún día, alguien llegaría para demostrarme que el amor podía ser tan bonito como lo pintaban los libros.
No sabía cuánto iba a equivocarme.
Ni cuánto iba a acertar.
Porque algunas personas llegan para enseñarte a amar.
Y otras llegan para enseñarte a sobrevivir después de haber amado.
Todavía no sabía cuál de esas dos personas sería él.
Solo sabía una cosa.
Aquel día parecía exactamente igual a cualquier otro.
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El sonido del despertador rompió el silencio de mi habitación a las seis en punto de la mañana.
Con un gemido de protesta, escondí la cabeza bajo la almohada, esperando que, por alguna clase de milagro, el ruido desapareciera por sí solo.
No ocurrió.
Suspiré con resignación y estiré el brazo hasta encontrar el celular sobre la mesa de noche. Apagué la alarma y permanecí unos segundos mirando el techo blanco de mi habitación.
Las primeras luces del amanecer apenas lograban atravesar las cortinas. El cielo seguía cubierto por nubes grises y el aire fresco entraba lentamente por la ventana entreabierta, moviendo las hojas de un pequeño calendario que colgaba junto al escritorio.
Mi habitación nunca había sido demasiado grande, pero era mi lugar favorito de toda la casa.
Las paredes estaban decoradas con fotografías de mi familia, entradas de conciertos, dibujos antiguos que nunca tuve el valor de tirar y algunas frases escritas en pequeñas notas adhesivas que pegaba cuando necesitaba recordar algo importante.
Sobre el escritorio descansaban varios cuadernos abiertos, un vaso con lápices de colores, una lámpara blanca y una taza vacía que había olvidado llevar a la cocina la noche anterior.
Era un pequeño desastre.
Pero era mi pequeño desastre.
Me levanté lentamente, sintiendo el frío del piso bajo mis pies descalzos.
Caminé hasta la ventana y corrí un poco la cortina.
La calle comenzaba a despertar.
Un señor barría la vereda de la casa de enfrente mientras una señora caminaba de la mano con una niña pequeña que bostezaba sin hacer el menor esfuerzo por ocultarlo. A lo lejos se escuchaba el motor de un autobús y el ladrido insistente de un perro que parecía decidido a despertar a todo el vecindario.
Era una mañana completamente normal.
Tan normal que nadie habría imaginado que, unas horas después, mi vida empezaría a cambiar sin que yo siquiera lo notara.
Ni yo misma lo imaginaba.
Si alguien me hubiera preguntado ese día qué esperaba del futuro, probablemente habría respondido lo mismo que cualquier adolescente de mi edad: terminar el colegio, sacar buenas notas, pasar más tiempo con mis amigas y convencer a mi mamá de dejarme dormir cinco minutos más cada mañana.
Jamás habría mencionado el amor.
Porque, sinceramente, no estaba buscando enamorarme.
Y quizá por eso el destino decidió sorprenderme.
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𑣲Magic words, enchanted hearts𔓘
Non-FictionBritanny nunca imaginó que una sola persona podría cambiar por completo su forma de ver el amor. Cuando conoce a Josué, todo parece perfecto: las risas, las promesas y los momentos que juran durar para siempre. Pero el amor no siempre es suficiente...
