Capítulo I
"Le Coeur Sucré"
Julio 1940
El bullicio de la gente en la Zona de mercado se mezclaba con los camiones de proveedores que llegaban desde el campo y de los pueblos cercanos para abastecer a las tiendas como todos los miércoles.
Ya había pasado un tiempo desde que las fuerzas británicas habían decidido bombardear el pueblo de Amiens, al ser uno de los puntos estratégicos donde se encontraba una de las bases de Luftwaffe había quedado con graves daños, ocasionando que las tropas alemanas abandonaran el pueblo.
A pesar de que el miedo a un nuevo ataque de los bombarderos tenía mucha incertidumbre a sus habitantes, la vida debía continuar, por otra parte estaban tranquilos de que no verían más alemanes en sus calles.
Excepto por la joven repostera de Le Coeur Sucré, la única pastelería que seguía a flote y que parecía devolverle la armonía a un pueblo que ya no la tenía.
Con su bicicleta vieja se dirigía hacia su lugar de trabajo intentando no pasar por los baches que habían dejado las bombas, saludaba con una sonrisa y asentimiento de cabeza a los conocidos que veía, aquella rutina le devolvía una extraña calma, creía que todo volvería a su lugar, aun podía fingir que el mundo seguía siendo el mismo aunque por dentro tenía la sensación de alerta, como un mal presentimiento.
Creía que solo era el recuerdo que había dejado esa noche.
Llegó finalmente a la pastelería que había heredado de su familia materna. Tras muchos años de lucha y esfuerzo por mantenerla seguía teniendo fieles clientes desde su inicio.
Dejó su bicicleta apoyada en la fría pared de piedra con cuidado de no rayar el cristal del ventanal.
Al entrar, el tintineo de la campanilla anunció su llegada, haciendo que una mujer de mediana edad se asomara por el gran mesón que separaba las mesas de la cocina.
—¡Ya estoy aquí, maman! —dijo con ánimo, colgando su abrigo desgastado.
Entró en la cocina, donde su madre preparaba los encargos del día y sin aviso la joven le dio un beso en la mejilla, recogió su cabello en un moño y se anudó el delantal blanco que llevaba su nombre bordado en letras rojas.
—¿Cómo te fue, cielo? —preguntó su madre sin dejar de marcar los pliegues en la masa de los croissants.
—Bien. Los abuelos dicen que debería llevarles más la próxima vez, pero les dije que les daría diabetes si seguían comiendo tantos panecillos —se rió levemente, pero el sonido del claxon de una camioneta cortó la risa de golpe.
—¡Livraison du matin! —gritó el proveedor desde la calle y su madre salió a recibirlo.
A través del cristal, observó cómo el hombre con un movimiento rápido y discreto le entregaba un sobre, lanzó una mirada fugaz hacia el interior de la pastelería, conectando sus ojos con los de su hija por un segundo eterno, la curiosidad de Geneviève se disparó.
"¿Qué sería esta vez?"
El proveedor muy amable entró la mercancía a la cocina y la saludó con un leve movimiento de cabeza y se marchó, siguiendo su ruta como si nada hubiera pasado.
La mujer entró jugando con el sobre entre sus manos y con una leve sonrisa algo incómoda dejó el papel sobre la encimera justo al lado de la caja de cobros, sin ser capaz de sostenerle la mirada a su hija.
—Es de tu padre —dijo en un susurro, retomando sus tareas para ocultar el rastro de un amor que nunca fue correspondido.
Geneviève se apresuró a rasgar el sobre con emoción visible, sus ojos recorrieron la caligrafía familiar.
"Mi moineau, cuando puedas ven a visitar a tu padre enfermo. Te extraño mucho. —T."
Soltó un quejido de molestia, estaba cansada de que él solo le escribía cuando necesitaba algo de ella.
— Después de tanto tiempo.... ¿Qué querrá esta vez? —arrugó el papel con fuerza, convirtiendo en una bola de papel que lanzó con enojo a la cesta de mimbre.
—Es tu padre, tienes que ir a saludarlo, al menos.. —insistió su madre, aunque en su voz faltaba autoridad.
— Sabes que no me gusta ir ahí, no tengo buenos recuerdos de ese lugar — miro a su madre por un momento y comenzó a preparar las ventas del día.
— Lo se mi amor pero... no tienes que ir a verlo si no quieres, no quiero obligarte — suspiro girando su rostro para verla.
— No mama, esta bien ire a verlo a finalizar el día — sonrió hacia ella con algo de tristeza y volvió a sus tareas.
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No olviden comentar y dejar su estrellita, muak.
Lo quiero chicxs –Any.
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Recetas en una Guerra
Historical FictionTras los ataques que dejaron en ruinas las bases de la Luftwaffe, el Coronel Kurt Bormann llega a un pueblo francés con una misión, restaurar el orden bajo vigilancia y leyes de hierro Geneviève de Gaulle, una mujer judía que oculta su identidad tr...
