Pelea, silencio, sexo, repetir.
Dos corazones que de algún modo se niegan a soltarse.
Una presencia sutil pero estable.
A veces como una mano en la cadera de quien le daba la espalda al dormir. Tal vez como su cuerpo desnudo colándose a la ducha mientras alguien más estaba allí. O simplemente como un rostro asomándose entre las piernas de su chica con una mirada que no demostraba más que cansancio.
Como si supiera que aquello era lo que tenía que hacer.
Pelea, silencio, sexo, y otra vez pelear.
Los gritos rebotando en las paredes, lágrimas buscando caer, reclamos sin sentido, puertas cerradas con un golpe. Odio.
El primer gemido agudo escapándose de la boca de Yeji. Sus largas uñas enredándose en el cabello de la chica entre sus piernas. Los jadeos de Ryujin mientras deslizaba su lengua por los pliegues ajenos.
Una cuchara descuidada que cae al piso, ensuciando la superficie con la salsa de lo que habían planeado cocinar en la tarde.
Las caricias de Ryujin sobre la piel de Yeji, para que ella se diera la vuelta en la cama y la acogiera en su pecho.
Una toalla que es lanzada hacia la otra esquina de la sala. Gotas de agua cayendo desde el cabello de Ryujin directamente a la madera del suelo. Un ceño fruncido que acalambra sin intimidar a nadie.
Ryujin apresando a Yeji sobre el colchón. Una mirada que se disfraza de inocencia bajo unos ojos afilados. Una mano que se desliza por el abdomen hacia la entrepierna coordinada con unos labios acercándose a otros. Un suspiro atrapado entre dos bocas.
Pelea, silencio, sexo... Pelea.
Un vaso roto, un empujón inconsciente, la primera marca. Lágrimas que ahora caen con más fuerza.
Dos cuerpos que apuntan hacia lados opuestos en la cama. Dos platos ensuciados y fregados a destiempo. Un televisor sonando en la sala, y otro sonando en la habitación.
Una discusión sin gritos, la aunsencia recurrente de Ryujin en las tardes, ojos que carecen de lágrimas para derramar.
Pelea, silencio...
Un cepillo de dientes que ya no se usa desechado a la basura. Un par de tazas en una caja al fondo del armario. Un solo plato escurriéndose.
Un nudo en la garganta, músculos cansados, cabello desordenado, una uña rota.
El polvo juntándose en los rincones. El cesto de ropa sucia vacío, porque todas las prendas entraron en la primera tanda.
Falta de afecto, falta de compañía. La ausencia de una risa.
Silencio.
