Capítulo 1 Marcos

8 0 1
                                        

Marcos aprendió pronto a no hacer ruido.

En su casa, el silencio siempre estaba lleno de voces ajenas. Las de sus padres hablando por teléfono sobre hoteles, aeropuertos y competiciones. Las del televisor repitiendo noticias que nadie escuchaba. Las de su hermano pequeño recitando datos imposibles, fechas, cifras, logros.

Marcos era el que no interrumpía.

Sus padres no eran malos. Solo estaban lejos. Siempre cansados, siempre ocupados, siempre orgullosos de alguien que no era él. Cuando estaban en casa, hablaban de religión como si fuera un escudo contra todo lo que no entendían.

—Hoy el padre Miguel ha dado una charla preciosa —decía su madre—. Hay que alejarse de las malas influencias.

Marcos asentía desde la mesa, con la mirada fija en el plato.

Nunca se preguntaron por qué casi no hablaba.
Nunca preguntaron qué sentía.

En el instituto, Marcos tenía amigos. O al menos, personas con las que compartía mesa en el comedor. Aarón, Denis y Leo eran ruidosos, siempre con bromas pesadas y comentarios que a Marcos le hacían apretar los dientes.

—Tío, imagínate que uno de aquí fuera maricón —se reía Denis.

Marcos bajaba la cabeza y sonreía lo justo.

Había aprendido a hacerlo bien. A esconderse incluso de sí mismo.

Porque Marcos sí sabía algo: le gustaban los chicos.

No lo había dicho nunca en voz alta. Ni siquiera en su cabeza lo pronunciaba del todo. Pero lo sentía cuando miraba demasiado tiempo a alguien. Cuando una risa le provocaba un vuelco en el estómago. Cuando evitaba hablar de chicas porque no sabía qué decir.

Y desde hacía unas semanas, había un chico en concreto.

Eric.

Eric no se parecía a nadie del instituto. Caminaba como si el pasillo fuera suyo. Reía fuerte. Tenía amigos. Jugaba al fútbol. Parecía seguro, libre... todo lo que Marcos no era.

Marcos lo observaba desde lejos. En clase. En el patio. En educación física.

Nunca demasiado tiempo. Nunca de forma evidente.

Le gustaba su forma de hablar con las manos. La manera en que se recogía el pelo cuando sudaba. La facilidad con la que hacía reír a los demás.

Y eso era lo que más miedo le daba.

Porque Eric parecía hetero. Demasiado cómodo. Demasiado visible.
Marcos no podía permitirse imaginar nada.

Así que no hablaban.

Hasta ese martes por la tarde.

La biblioteca estaba casi vacía. El sol entraba por las ventanas altas, iluminando partículas de polvo que flotaban en el aire. Marcos caminó entre las estanterías buscando un libro que no estaba seguro de necesitar.

Terminó, sin darse cuenta, en la sección más escondida.

La que nadie visitaba.

Se sentó en el suelo, apoyando la espalda en la estantería, y abrió un libro cualquiera. No leyó la primera página. Ni la segunda.

Escuchó pasos.

Levantó la vista.

Eric estaba allí.

No dijo nada.
No sonrió.
Solo lo miró un segundo de más de lo normal.

Marcos cerró el libro despacio.

El silencio entre ellos no fue incómodo.
Fue denso.

Como si ambos supieran que algo estaba a punto de romperse... pero aún no.

Entre Silencios y PecadosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora