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Preparatoria Inarizaki, media mañana. Akari está en la máquina expendedora intentando conseguir su café frío de siempre antes de que empiecen las clases.

Suna, casualmente, está apoyado en la máquina de al lado, mirando su celular con esa cara de "el mundo me aburre".

​Suna notó la presencia de Akari por el rabillo del ojo, pero no se movió. Esperó justo al momento en que ella extendió el dedo para presionar el botón de su bebida.

​—Yo no haría eso si fuera tú, Nakajima —dijo sin apartar la vista de la pantalla del móvil—. Esa máquina acaba de tragarse las monedas de un chico de primero y, honestamente, no creo que tengas los reflejos para pelearte con un trozo de metal hoy. Te ves... especialmente lenta esta mañana.

​Guardó el celular en el bolsillo y finalmente la miró, con una sonrisa mínima y ladeada que era pura provocación.

​—¿Dormiste mal o es que tu cerebro finalmente se rindió de intentar procesar tantas estadísticas inútiles?

— Suna, buenos días —remarca— Deberías dejar de trabajar un poco tu rendimiento en voleibol para que yo saque estadísticas sobre ti, deberías dejar ese tiempo para trabajar con ese ego que cargas, ¿no crees?

Suna soltó un suspiro perezoso y se separó de la máquina, acortando un poco la distancia, lo suficiente para que Akari tuviera que inclinar la cabeza hacia atrás para sostenerle la mirada.

​—¿Buenos días? Qué optimista —se mofó, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta—. Y sobre mi rendimiento, no te preocupes. Sé que te encanta analizar mis movimientos cuadro por cuadro en esos videos que grabas. Es tierno que intentes disfrazar tu obsesión con "trabajo estadístico".

​Se inclinó un poco, bajando la voz a un tono casi confidencial, pero con ese brillo de astucia en los ojos.

​—Mi ego está perfectamente alimentado, Nakajima. Sobre todo cuando veo que pierdes el tiempo saludándome en lugar de ignorarme. Admítelo, si no tuvieras a alguien con quien intercambiar insultos a primera hora, tu día sería tan aburrido como una clase de historia.

​Dio un toque suave con el nudillo a la parte superior de la máquina expendedora, justo encima de donde ella quería presionar.

​—Adelante, presiona el botón. Veamos si la máquina tiene más piedad contigo que yo.

—Siempre he preferido el optimismo antes que el egocentrismo. —dice sonriendo ladinamente.

—Creo que prefiero ver monos saltando por toda una cancha, aunque creo que no tendría mucha diferencia con lo que haces.— menciona mientras finalmente lo mira.

Suna soltó una carcajada corta, genuinamente divertido por la comparación. Se pasó una mano por el cuello, manteniendo esa postura relajada que siempre parecía un desafío a las leyes de la gravedad.

​—¿Monos saltando? Vaya, Nakajima, qué falta de respeto para tus compañeros de club —dijo, arqueando una ceja con malicia—. Aunque, si yo soy un mono, eso te convierte a ti en la cuidadora del zoológico. Dime, ¿te dan un bono extra por aguantar a los gemelos o el placer de verme saltar en pantalones cortos es pago suficiente para ti?

​Se hizo a un lado finalmente, dejándole el camino libre hacia la máquina, pero no se retiró del todo. Se quedó ahí, observando sus movimientos con esa intensidad silenciosa que lo caracterizaba.

​—Anda, compra tu café. No querría que te quedaras dormida sobre tu libreta y acabaras anotando lo increíble que fue mi remate por accidente.

—En realidad me dan bono por cargar con un mono siempre atrás mio, y su ego, que es igual de grande que su gran obsesión hacia su cuidadora.

Finaliza mientras presiona el botón para comprar su café, con una pequeña sonrisa verdadera, pero no lo admitiría.

El ruido de la lata de café cayendo en el compartimento de la máquina retumbó en el pasillo, pero Suna ni siquiera parpadeó.

Sus labios se curvaron en una expresión que no era del todo una sonrisa, sino más bien el gesto de un depredador que acaba de encontrar una presa que muerde de vuelta.

​—"Obsesión"... —repitió él en un susurro.

​Se estiró perezosamente, apoyando una mano en la parte superior de la máquina, acorralando ligeramente el espacio de Akari mientras ella se agachaba a recoger su bebida.

​—Si estuviera tan obsesionado, te dejaría ganar alguna vez para ver si así dejas de fruncir el ceño —se inclinó un poco cuando ella se incorporó, quedando a una distancia donde podía oler el aroma del café recién abierto—. Pero ambos sabemos que si no te hiciera enfadar, tu día no sería lo mismo.

​Dio un par de golpecitos juguetones con los dedos sobre la superficie de metal de la máquina y comenzó a caminar hacia atrás, en dirección a su salón, sin dejar de mirarla.

​—Disfruta tu café, cuidadora. Intenta que no se te amargue con tu propia lengua.

Akari lo ignora, se va dandole la espalda con una sonrisa triunfadora, pero sin que Suna se diera cuenta ella le habia dejado un post-it rosado pegado en su espalda.
Este decía: "El mono de Nakajima"

Ella quería que cuando él entrara a la clase de historia que tenían todos vieran eso, como victoria de hoy, así era su dinámica.

No se odiaban especificamente, tampoco eran buenos amigos, simplemente, se toleraban. La verdad es que Akari no le agradaba para nada Suna cuando llegó a su dormitorio, según ella, era mucho egocentrismo a la vista. En cambio, Suna, no le agradaba tampoco porque le parecía alguien que le sacaba su lado más infantil.

No es como que se gustaran, simplemente así eran ellos.

Suna caminaba por el pasillo con esa confianza que tanto lo caracterizaba, disfrutando de lo que él consideraba una retirada triunfal, casi honorable. Sentía que le había dejado la última palabra y, para él, eso era equivalente a ganar un set.

​Cuando entró a su salón de clases, el murmullo habitual de los estudiantes se detuvo por un segundo antes de estallar en risitas contenidas. Suna, sin inmutarse, caminó hacia su pupitre en el fondo.

​—Oye, Suna... —le dijo un compañero de clase, tratando de aguantar la risa mientras señalaba su espalda— ¿Desde cuándo eres propiedad privada?

​Suna frunció el ceño, confundido. Se quitó la chaqueta del uniforme con un movimiento rápido y vio el trozo de papel rosado que había estado paseando por todo el instituto.

​"El mono de Nakajima"

​Sus ojos se entrecerraron mientras leía la caligrafía impecable y decidida de Akari. Pudo imaginar perfectamente a la chica pegándoselo con esa sonrisa de suficiencia que ahora entendía por qué había mostrado al darle la espalda.

​—Maldita seas, Nakajima —masculló para sí mismo.

​A pesar de que su orgullo debería estar herido, una chispa de diversión genuina cruzó sus ojos de zorro. No tiró el post-it a la basura. En su lugar, lo pegó en la esquina de su escritorio, mirándolo fijamente.

​—Muy bien, Nakajima. Uno a cero —susurró, mientras empezaba a planear su venganza para la hora del almuerzo. El sarcasmo era una cosa, pero la guerra de guerrillas con papelería era un nivel que estaba más que dispuesto a jugar.

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Quería continuar el capitulo pero creo que haré eso en el dos, ESTÁ BUENO???

Roommates | Rintaro SunaMga kuwentong kahuhumalingan mo. Tumuklas ngayon