Acto I: Normalidad

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Hoy es otro día en esta maravillosa escuela, los alumnos van hablando con sus amigos, otros van de la mano con su pareja, algunos estudian con libro en mano y pocos son molestados, como es el caso del estudiante Abbie Mallum.

Él estaba llorando y cubriéndose la cara con sus manos, quería evitar cualquier golpe en la cara si era posible. Frente suyo estaban los causantes de tal paliza, Oliver, Edward y Zip, los matones del lugar, los mejores estudiantes del curso y los que reinan entre los alumnos.

—Vamos Abbie, deja de llorar y danos tu dinero —demandó el chico de apariencia afeminada.

—SÍ, para tus lloriqueos de una vez, hartas —canturreó la única chica del trío, sin mostrar verdadera molestia ante sus sollozos.

—... —Edward solo lo veía con seriedad, aunque bajas risillas se le escapaban de vez en cuando.

—N-no t-tengo... y-ya s-se los d-dije —logró murmurar el joven.

Un brazo estaba arañado, regalo de Zip al querer escapar de ellos. Sus lágrimas no cesaban, su cuerpo temblaba y el miedo se hacía más fuerte. Sabía que, incluso si pidiera ayuda, nadie vendría, estaba cien por ciento seguro que si bajaba las manos para ver el entorno, habrían más compañeros riéndose de su desgracia, ignorándolo o simplemente ver sin hacer nada.

—¡Mentiroso! —gritó Oliver.

—N-no m-miento.

—Vamos a ver si es verdad —con una sonrisa macabra dijo.

Chasqueando los dedos, Zip y Edward lo agarraron de sus brazos y lo alzaron. Oliver empezó a revisar sus bolsillos, cada uno vacío, eso molestó al chico y con un gruñido empezó a golpear en el estómago del pelinegro.

<Golpe>

—Eres tan inútil que ni eso traes.

<Golpe>

—Acaso tus padres no te quieren —dijo este con un tono más burlón.

<Golpe>

—Acaso eres tan insignificante que no te ponen atención.

<Golpe>

—No es raro que tu 'hermano' te considere una carga.

<Golpe>

—Vamos... responde, ¿Eres si quiera importante para alguien?

Los golpes siguieron, este no respondió, solo mantuvo su cabeza baja, esperando que terminara.

<Chasquido>

—Vámonos —los otros dos aventaron a Abbie contra los casilleros y se fueron.

Luego de que sus presencias se fueran, él se levantó con dolor y cojeando se fue a su salón de clase. No buscó que alguien lo ayudara, no fue a ver a sus amigos, siguió caminando solo. Al entrar fue recibido por un grito de su profesora.

—Como siempre tarde —dijo una mujer demasiado tarde, con orejas de gato y un brazo reemplazado por un compás. Su mirada era molesta y despectiva —. ¿Cuál es tu excusa ahora, maldita escoria?

—Lo lamento Miss Circle —inclinó la cabeza, con los brazos flácidos y una voz baja —. Es que tuve unos inconvenientes.

—Contigo son puros inconvenientes —ella se acercó a este y con su única mano, un dedo en forma de garra se acercó a su frente y lo clavó, lo suficiente para hacerle sangrar, pero lo poco para dañarlo —. Solo llegas a arruinar el ambiente educativo. Mocosos como tu no deberían si quiera estar presentes en nuestras vidas... Lo sabes.

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