๑La noche๑

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La lluvia no parecía tener intención de detenerse.
Golpeaba el asfalto con paciencia, formando charcos que reflejaban las luces de la calle. La tiendita de la esquina era el único lugar con vida a esa hora: un refrigerador zumbando, el olor a pan empaquetado y una radio vieja sonando bajito.

Seungmin estaba ahí desde hacía unos minutos.
Sostenía una galleta entre los dedos, mordisqueándola despacio mientras miraba la cortina de agua frente a la entrada. No traía paraguas. Tampoco parecía molesto por eso. Solo esperaba a que la lluvia bajara… o quizá a que el tiempo pasara.
Tenía la mochila colgada de un solo hombro y el cabello un poco desordenado. Su expresión era suave, distraída, como si su mente estuviera en otro lugar.

La campanita de la puerta sonó.
Minho entró empapado.
La sudadera oscura estaba mojada en los hombros y el cabello le caía sobre la frente. Cerró la puerta con más fuerza de la necesaria y se quedó quieto un segundo, respirando hondo. Había salido de casa sin pensarlo demasiado, solo necesitaba alejarse. De las voces. De los problemas. De todo.

Fue directo a los estantes… hasta que levantó la vista.
Seungmin.
No sabía su nombre.
No sabía nada de él.
Pero algo pasó.
No fue un impacto fuerte, ni un pensamiento claro. Fue más bien una sensación extraña en el pecho, como si algo se acomodara sin pedir permiso.
Se miraron.

No sonrieron.
No hablaron.
No hubo nada especial… y aun así, lo fue todo.
Seungmin parpadeó primero, un poco sorprendido, y bajó la mirada para dar otro pequeño mordisco a la galleta. Minho apartó los ojos, incómodo consigo mismo, y tomó una bebida del refrigerador.

¿Por qué…?

Nunca le había pasado eso.
Pagó rápido y salió de la tienda, dejándose envolver otra vez por la lluvia. Caminó sin mirar atrás, pero esa imagen se quedó con él.
El chico de la galleta.
La luz blanca.
La noche.

A la mañana siguiente, el colegio estaba lleno de ruido.

—¡Apúrense! —gritó Changbin mientras subían las escaleras—. Vamos tarde.

—Siempre dices eso —respondió Han—. Y siempre llegamos a tiempo.

Bangchan revisaba los horarios con el ceño fruncido. Hyunjin se quejaba del uniforme. Felix reía con Jeongin por alguna tontería que solo ellos entendían.
Minho caminaba con ellos, como siempre. Un poco atrás. Callado.

Entraron al salón de artes justo cuando la profesora estaba cerrando la puerta.

—Bien —dijo ella—. Vamos a empezar.

Minho tomó asiento junto a la ventana. Jeongin se sentó a su lado y empezó a hablarle de algo que había pasado el fin de semana. Minho asentía sin escuchar del todo.
La profesora terminó de pasar lista.

—Perfecto. Ya todos se presentaron—

La puerta se abrió de golpe.

—¡Perdón! —dijo una voz agitada.

Minho levantó la mirada.
Era él.
Seungmin estaba en la entrada del salón, ligeramente inclinado hacia adelante, respirando con dificultad. Tenía el cabello revuelto, las mejillas un poco rojas y la mochila mal cerrada, con un cuaderno a punto de caerse.

—Llegas tarde —dijo la profesora, sin dureza—. ¿Qué pasó?

—Lo siento… —respondió Seungmin, aún recuperando el aire—. Me… me confié con el tiempo.

Dio un paso y casi tropezó con sus propios pies.
Algunas risas suaves se escucharon en el salón.
Seungmin se enderezó rápido, apenado.

—Ten más cuidado —añadió la profesora—. Preséntate y siéntate.

Seungmin asintió varias veces. —Sí, perdón.

Se giró hacia el salón.

—Buenos días a todos, soy Kim Seungmin —dijo con voz tranquila, aunque todavía un poco jadeante—. Espero… llevarme bien con todos.

Hizo una pequeña inclinación, demasiado rápida, y su mochila finalmente se abrió. Un lápiz rodó por el piso.
Seungmin se agachó de inmediato para recogerlo, todavía sin levantar bien la vista.
Minho lo observaba en silencio.
Es él.
El chico de la tienda.
El de la noche.

Seungmin tomó el lápiz, se incorporó… y entonces lo vio.
Sus ojos se encontraron.
Por un segundo, el ruido del salón desapareció.
Seungmin se quedó quieto, sorprendido, como si su mente acabara de unir las piezas. La tienda. La lluvia. Esa mirada.
Minho no apartó la vista.
No sonrió.
Pero tampoco se sintió incómodo.

Seungmin reaccionó primero, bajando la mirada con un leve rubor y caminando rápido hacia un asiento vacío más adelante. Al sentarse, se acomodó el cabello detrás de la oreja, todavía un poco nervioso.
Jeongin se inclinó hacia Minho.

—¿Lo conoces?

—No —respondió Minho—. Creo que no.

Mentía.
Pero tampoco sabía cómo explicar lo que sentía.

La clase continuó, pero Minho ya no pudo concentrarse del todo. De vez en cuando, sin darse cuenta, miraba hacia adelante.
Seungmin estaba inclinado sobre su cuaderno, escribiendo con cuidado. A veces se le caía el borrador. A veces golpeaba la mesa sin querer. Siempre se disculpaba en voz baja consigo mismo.

Minho pensó, sin razón clara, que era… diferente.
Y sin saber por qué, tuvo la certeza de algo simple y peligroso a la vez:
Esa noche lluviosa no había terminado ahí.
Solo había sido el comienzo.

The Night We Met... (2min/knowmin)Stories to obsess over. Discover now