Good luck, babe!

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(Mike) ⋆. 𐙚 ˚

Michael Wheeler tenía cincuenta y pico de años cuando entendió que había llegado demasiado tarde.

Su vida, vista desde afuera, era decente. Incluso envidiable para algunos. Vivía junto a su novia, Amy, en una casa tranquila, con estanterías llenas de libros que llevaban su nombre en la tapa. No eran los más famosos, pero habían encontrado su público. Historias sobre despedidas, sobre pueblos chicos que esconden cosas imposibles, sobre amores que nunca terminan de decirse en voz alta. Los críticos decían que escribía "con una melancolía honesta". Mike sabía exactamente de dónde venía eso.

Aquella mañana iba manejando hacia la editorial, café tibio en el portavasos, la ciudad pasando lenta por la ventanilla. Encendió la radio casi por costumbre. Una canción moderna empezó a sonar, una de esas que no pertenecían a su época pero igual lograban colarse bajo la piel. La voz hablaba de un amor lgtb, Dónde habla de un amor no correspondido y que se iba a arrepentir de no haberle correspondido, de alguien que se da cuenta demasiado tarde de que eligió mal, segun la radio, se llamaba "Good luck babe!" que dolía más que un reproche.

"When you wake up next to him(her) in the middle of the night, With your hands in your head you're nothing more than his(her) wife (husband). And when you think about me All of these years ago you're standing face to face with "I told you so", You know I hate to Say but "I told you so" ."

Mike apretó el volante, Le dolía. Todo encajo

No fue inmediato. Primero fue una incomodidad en el pecho, como cuando recordás algo que no querías recordar. Después vino el nombre, claro y brutal, como si nunca se hubiera ido.

Will.

Las imágenes llegaron sin pedir permiso: Hawkins, las bicicletas tiradas en el pasto, el sótano, las miradas que en su momento no supo leer. Will siempre un paso atrás, siempre sosteniendo algo que Mike no veía porque estaba mirando a otra persona. Porque estaba enamorado de Once. O creía estarlo. O necesitaba estarlo.

Once había sido su mundo. Su primer amor, su heroína, su tragedia. Su muerte había partido todo en dos. Después de eso, la vida se había vuelto una sucesión de "seguir adelante", de decisiones tomadas más por inercia que por deseo. Y Will... Will se había ido. Primero a otra ciudad, después a otra vida. Mike nunca lo detuvo.

La canción seguía sonando y, de pronto, todo encajó de una forma dolorosamente simple.

No era que nunca hubiera amado a Will. Era que no se había permitido hacerlo.

Mike estacionó al costado del camino sin darse cuenta de cuándo había decidido hacerlo. Apagó la radio. El silencio fue ensordecedor. Pensó en todas las veces que había escrito sobre amores perdidos sin nombrar el suyo. Pensó en las cartas que nunca mandó. En las llamadas que no hizo porque "ya era tarde", porque "no tenía sentido remover el pasado".

¿Y si sí tenía sentido?

Sacó el teléfono del bolsillo. Sus manos temblaban un poco, algo que no le pasaba seguido. Buscó un nombre que sabía de memoria aunque hiciera décadas que no lo pronunciaba en voz alta.

Will Byers.

El contacto seguía ahí.

Mike se quedó mirándolo, con el corazón golpeándole las costillas como cuando tenía quince años y no entendía nada de lo que sentía. No sabía si Will respondería. No sabía si tenía a alguien. No sabía si ese mensaje iba a abrir una puerta... o cerrarla para siempre.

Pero por primera vez en mucho tiempo, Mike Wheeler decidió no huir.

Y escribió.

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(Will)

William Byers había aprendido a vivir con la verdad.

No fue fácil, ni rápido, pero con los años su sexualidad dejó de ser una pregunta y pasó a ser una certeza tranquila. Ya no había culpa, ni miedo, ni necesidad de esconder nada. Había querido, había salido con chicos, había besos en bares con luces bajas, mañanas compartidas que no pedían promesas. Ninguna relación había sido formal. No porque no quisiera amar, sino porque nunca había logrado quedarse.

Ahora estaba James.

James era encantador de la forma correcta: sonreía fácil, escuchaba con atención, le llevaba café cuando Will se olvidaba de comer mientras dibujaba. No exigía demasiado. Tal vez por eso funcionaba. O tal vez por eso Will sabía, en el fondo, que no iba a durar. Él no era bueno sosteniendo algo cuando el pasado seguía ocupando tanto espacio.

Trabajaba como ilustrador. Vivía rodeado de papeles, lápices, tablets gráficas y bocetos a medio terminar. Mundos imaginarios, criaturas imposibles, niños con bicicletas. A veces no se daba cuenta de cuánto de Hawkins se filtraba en su arte.

Esa noche estaban sentados en la sala, una película pasando sin que ninguno de los dos realmente le prestara atención. James tenía la cabeza apoyada en su hombro. Will miraba la pantalla, pero pensaba en otra cosa. Siempre pensaba en otra cosa.

El celular vibró sobre la mesa.

Will lo miró sin intención, casi por reflejo. Y entonces el aire se le fue del cuerpo.

Mike Wheeler.

El corazón le dio un salto violento, como si hubiera vuelto a tener doce, dieciséis años y algo horrible y maravilloso estuviera por pasar al mismo tiempo. El nombre no había cambiado. Seguía ahí, intacto, como si las décadas no hubieran hecho su trabajo.

-Voy al baño -dijo de golpe.

James levantó la vista, sorprendido, pero sonrió. -¿Todo bien?

-Sí... sí -respondió Will demasiado rápido.

Se encerró en el baño y apoyó la espalda contra la puerta. El teléfono le pesaba en la mano. Durante años había ensayado ese momento en su cabeza: Mike apareciendo de nuevo, pidiendo perdón, diciendo lo que nunca dijo. O quizás no diciendo nada importante. Quizás solo un saludo educado, una nostalgia inútil.

Will había estado enamorado de Mike de una forma absoluta. Silenciosa. Devastadora. Lo había amado cuando Mike hablaba de Once, cuando la miraba como si fuera el centro del universo. Lo había amado sabiendo que no había lugar para él en esa historia. Y cuando Mike se fue, Will se prometió que no volvería a mirar atrás.

Había cumplido. Más o menos.

Abrió el mensaje.

No era largo. No era dramático. Era peor.

Mike le decía que había pensado en él. Que había escuchado una canción. Que sentía que se había equivocado. Que no esperaba nada, solo quería saber si Will estaba bien.

Will cerró los ojos.

Pensó en James esperándolo en el sillón. En todas las relaciones que nunca terminaron de ser. Pensó en el chico que fue, dibujando en silencio mientras se enamoraba de alguien que no lo veía. Pensó en el hombre que era ahora, honesto consigo mismo, pero todavía vulnerable ante un solo nombre.

Durante unos segundos consideró no responder. Proteger la vida que tenía. No abrir una herida vieja.

Pero si algo había aprendido, era que huir no lo salvaba.

Escribió.

"Hola, Mike. Hace mucho tiempo. Estoy bien...creo. Me sorprendió saber de ti."

Leyó el mensaje varias veces antes de enviarlo. El dedo le tembló al tocar la pantalla.

Cuando el mensaje se fue, Will apoyó la cabeza contra la pared y dejó escapar una risa nerviosa, casi una exhalación.

El pasado no había llamado a la puerta.

Había entrado directo al baño con él.

@no7w5
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Hola, Arriba les dejé la letra en español por si no saben inglés.

Good luck, Babe! [byler]Where stories live. Discover now