Lía
El uniforme me quedaba grande en los hombros y corto en las mangas, como si incluso la tela supiera que yo no encajaba ahí. El saco gris olía a nuevo, a dinero, a algo que no me pertenecía. Caminé por el pasillo principal del internado con la espalda recta, no por seguridad, sino por costumbre. En el orfanato aprendí que agachar la cabeza era una invitación.
Las miradas llegaron antes que las palabras.
Algunos chicos dejaron de hablar cuando pasé. Otros no disimularon. Me recorrieron de arriba abajo con una curiosidad incómoda, como si yo fuera un objeto fuera de lugar en una vitrina demasiado cara. Escuché un murmullo. Una risa baja. No necesitaba entender lo que decían para saber que hablaban de mí.
-Es ella -susurró alguien-. La del orfanato
.
Genial. Ni siquiera había entrado a clases y ya tenía etiqueta.
La directora caminaba a mi lado, tacones firmes, sonrisa ensayada. Hablaba sobre excelencia académica, oportunidades únicas y futuros prometedores. Palabras bonitas para un sitio donde todo tenía precio, incluso las personas. Sabía cómo funcionaba este lugar. Lo sabía desde que me explicaron las becas. Desde que me dijeron que aquí algunos estudiantes no solo eran educados, sino elegidos.
Adoptados.
Como si eso fuera un premio.
Entramos al salón. Onceavo grado. O doceavo. Da igual. Yo debería estar un año atrás, pero mis notas decían otra cosa, y mis reportes de conducta decían demasiado. La directora me presentó. Dijo mi nombre con cuidado, como si pudiera romperse.
-Lía -anunció-. Esperamos mucho de ti.
No respondí. Esperar nunca había sido buena idea.
Busqué un asiento vacío y me senté al fondo. Desde ahí pude verlos a todos. Chicas perfectamente arregladas. Chicos seguros de sí mismos, de su apellido, de su futuro. Uno de ellos, sentado cerca de la ventana, levantó la vista cuando me acomodé. No me miró como los otros. No me analizó. No sonrió con burla.
Solo me observó, como si intentara entender algo.
Sostuve su mirada un segundo más de lo necesario y luego miré al frente. No estaba ahí para hacer amigos. No estaba ahí para agradar. Estaba ahí porque alguien decidió que mi inteligencia valía más que mi carácter.
Y porque, me gustara o no, ese lugar acababa de convertirse en mi nuevo campo de batalla.
YOU ARE READING
Los elegidos
Teen FictionEn una escuela donde el dinero abre puertas y las becas deciden destinos, Lía llega sin haber sido invitada. Huérfana, adelantada un año y rodeada de privilegios que no le pertenecen, aprende rápido que no todos los estudiantes son tratados como per...
