1. el cambio

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Michael odiaba el otoño, le recordaba al final de la vida de Nancy, su hermana falleció rodeada de hojas castañas y llovizna esporádica, aquello era un asco, Nancy siempre fue primavera. Había crecido viendo a su hermana heredar el destino de Blancanieves, su piel pálida y su pelo oscuro, sus ojos azules claros y sus labios rojizos, ella era la que debía firmar el libro de los cuentos, no él. Michael tenía la nariz demasiado grande, los ojos chocolate, y lo más importante, no era Nancy.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por algunos criados golpeando sus maletas con fuerza, apretó sus uñas contra la palma, Nancy no gritaría a los trabajadores como él solía hacer, aquello no era correcto.

—Tengan más cuidado, por favor —su sonrisa era enorme, tensa y enseñaba sus dientes blancos, había practicado hasta el cansancio cómo perfeccionarla.

—Lo sentimos, príncipe Michael —uno de los sirvientes hizo una reverencia antes de meter la maleta en la parte trasera de la limusina —ya está dentro todo el equipaje.

—Me alegra oír eso, retírense —con suavidad entró al asiento de terciopelo rojo, sus padres y Holly ya se habían despedido de él —nos volvemos a ver, Ever after high.

Aquel castillo de ensueño era su verdadero reino, llevaba tres años siendo la estrella del lugar y eso no cambiaría en el último curso. Era imposible no conocer a los Wheeler, eran tan asquerosamente ricos e importantes como famoso era su cuento, la historia de la manzana envenenada seguía siendo impactante siglos después. El internado era extraño para la gente común, pero los que eran descendientes de los cuentos sabían desde el principio que su vida ya estaba decidida, muchas veces sabían con quién iban a acabar casados antes de que esa persona siquiera naciera. Suspiró y volvió a leer la carta que le había llegado informando de un cambio de compañero, algo sobre recién llegados desde el País de las maravillas.

Llevaba tres años compartiendo habitación con Lucas Sinclair, hijo del famoso lobo feroz, el primer año estaba confundido y molesto, ¿Qué hacía un Wheeler compartiendo habitación con alguien sin sangre real?, luego conoció al chico y su forma de ver el mundo cambió, al menos un poco. Era deportista y por suerte quería seguir su destino, algo que era complicado con el auge de rebeldes por los reinos, le entraban arcadas de pensar en eso. Él nunca quiso ser la siguiente Blancanieves, pero cuando le tocó seguir el legado hizo lo que debía, agachar la cabeza y ocupar el lugar de Nancy, no podría ser tan egoísta de tirar cientos de años a la basura por un capricho.

—¿Cuánto queda? —murmuró al conductor, se sabía el camino de memoria pero los nervios le estaban matando.

—Menos de media hora, príncipe Michael —tenía suerte de vivir cerca, Max tardaba tres horas desde el suyo y aún así era uno de los reinos fronterizos. Cerró los ojos y trató de descansar, el primer día era presentación para los nuevos y merienda para los veteranos, ya podía saborear los pasteles de limón y el té de arándanos, sabía que sería el último día antes de todo, antes de la coronación, antes de aceptar su destino y antes de cargar con el peso real de ser un Wheeler, sus ojos se cerraron y por fin su ceño se relajó.

Soñó con Nancy, el primer día siempre lo hacía, recordó la mano de su hermana mayor tocando la suya, presentándole orgullosa a todos sus amigos y enseñándole los pasillos de su hogar por cuatro largos años, Michael siempre consideró curioso como ese fue el último año de su hermana, como nunca llegó a tener ese cuarto primer día del que siempre hablaba.

—Hemos llegado, príncipe Michael —la voz sonaba lejana, interfiriendo con el sonido angelical de Nancy, quería pedir cinco minutos más con ella pero sabía que eso no era posible, se limpió las lágrimas de sus ojos antes de que el conductor pudiera verlas.

—Muchas gracias, señor —se sentía avergonzado de no recordar su nombre, el conductor que tuvo toda la vida se había jubilado dos semanas atrás y todavía no conocía al nuevo.

the end is just the beginning | bylerHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora