Prólogo

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Los cuartos de entrenamiento de la Port Mafia se mantenían alejados de las instalaciones, siendo resguardadas por silencios que ahora eran interrumpidos por gruñidos y jadeos.

La humedad se mezclaba con las feromonas que se iban impregnando en el aire, el metal junto a la sangre desapareció y el frío de los pasillos se llenó de tensión.

Sus pasos resonaban en las paredes, sus manos movían unas llaves causando un sonido metálico que retumbaba entre los pasillos.

Al llegar al último de los cuartos esbozó una sonrisa, guardo en sus bolsillos las llaves y con suavidad golpeo la puerta de metal que se encontraba entreabierta.

No hubo respuesta.
El silenció pareció ser forzado por los gruñidos bajos e irreconocibles.

Sus dedos trazaron una línea recta mientras ingresaba al cuarto que se mantenia a penumbras, los jadeos se intensificaron al igual que el olor.

—Oh. ¿Pero que tenemos aquí?—cuestiono con una mueca, se cruzó de brazos observando el lamentable estado del pelirrojo.

Los ojos azules de Chuuya se clavaron en el cuerpo flojo de Dazai, quien se mantenía moviendo su pierna de un lado a otro y con una mueca en los labios.

—C-caballa... —siseo con un jadeo apenas contenido, sus manos apretaron el abrigo de lana que reposaba a su lado.

Los ojos de Dazai se afilaron al reconocer la escena frente a el, lo había visto tantas veces gracias a Mori que no sabría equivocar aquel comportamiento.

—Pense que serias omega — burló mientras se acercaba al mas bajo — pero te acabas de presentar como un alfa.

Los ojos de Chuuya se mantuvieron en los del castaño, esperando a que la lengua de Dazai soltara todo lo que tenía que decir.

—Sera divertido ver como te retuerces, como una babosa— continúo con una sonrisa— pero... Mori-san necesita saber sobre tu casta, felicidades enano. Eres un alfa.

Argumento con indiferencia, giró sobre sus talones y se dirigió hacia las puertas metálicas que se mantenían entre abiertas. Sus labios se torcieron al percibir el olor de Chuuya, más fuerte, más impaciente.

—Tengo demasiado calor— mascullo el pelirrojo mientras desataba su blusa. Dazai lo miro sobre el hombro.

Rodo los ojos e inspeccionó el lugar buscando la presencia de algún subordinado o ejecutivo que buscara a alguno de ambos.

No podía salir de aquel lugar y dejar solo a Chuuya, era un alfa recién presentado e indefenso por estar sufriendo lo que le llamarían:

El despertar.

El a un no se presentaba como el alfa que debía ser, pero en unos meses justo se esperaba que después del "despertar" de Chuuya el tuviera el suyo, pero el joven Nakahara se había adelantado por mucho.

Arrugó el entrecejo al escuchar una queja del pelirrojo, llevo una de sus manos a su cabello y lo revolvió.
Escuchaba la voz de Chuuya, sentía como las feromonas se hacían más espesas.

—...Dazai...— llamo en un jadeo ahogado.

Sentia mucho calor en su cuerpo, incluso podia llegar a decir que veía luces y flechas que le indicaban una sola cosa.

—Sacate ese sombrero o yo que se...— siseo Dazai en voz baja, saco su celular el cual había perdido señal desde que ingreso a los cuartos.

Ignorante a lo que Chuuya hacia a sus espaldas prosiguió a dar algunos pasos fuera del cuarto, todas las feromonas estaban esparcidas por los pasillos, no tardarían en darse cuenta de que un alfa habia entrado en celo.

—¿Chuuya?— llamo sin voltear, el silencio no era algo agradable dentro de la Port Mafia, y menos en esa situación tan ruidosa.

Su cuerpo se tenso al sentir unos dedos rodeando su muñeca, su celular cayó con un sonido seco al ser arrastrado hacia dentro de la habitación con brusquedad.

Los brazos de Chuuya lo rodearon sobre su pecho, sentía como la frente del pelirrojo se apoyó en su hombro.
Se removió tratando de empujarlo pero el agarré se volvió más fuerte.

—Dazai— divago en un susurro, sentía como su cuerpo ardía, a pesar de ya no traer ropa se sentía mucho más caliente, sabía y conocía sobre el tema del despertar, siempre espero ser un alfa, incluso Verlaine con su voz suave y apariencia elegante era un alfa. Era de esperar que el fuera un alfa.

La sonrisa del castaño se torció.

—¿¡Qué estás haciendo, imbecil!?— sentía como el cuerpo de Dazai rechazaba al suyo— los dos somos alfas ¡Quítate!

—Aun no te presentas— logro articular con esfuerzo, tomo entre sus manos el mentón del castaño y lo giro— tu no tienes casta.

Los ojos de Dazai se abrieron al sentir los labios del contrario sobre los suyos, el ritmo era suave a pesar de que Chuuya estaba en un punto tan alto de usar la fuerza para domarlo.

Arrugó el entrecejo tratándose de apartar y rechazando los picos que le daba Chuuya— ¡N-no Chuuya!— chillo al sentir el cambio brusco.

—¡Espera!— grito al sentir como su corbata ya estaba safada y su gabardina estaba a nada de resbalar de sus hombros, su respiración agitada lo condenó a los ojos de Chuuya.

—P-puedo buscar a Mori o a alguien a quien te puedas follar... Pero— la mano de Chuuya se apretó en su barbilla impidiéndole hablar.

—Pero ya encontré a quien.

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