—Joven amo... joven amo... despierte. Estamos por llegar.
La voz lo arrancó del sueño de forma brusca.
Lenart abrió los ojos con dificultad. Durante unos segundos, todo fue confuso. El techo de madera sobre su cabeza, el leve traqueteo bajo su cuerpo, el sonido rítmico de ruedas avanzando sobre un camino irregular... nada encajaba. No reconocía ese lugar. No reconocía esa sensación.
Parpadeó varias veces, intentando enfocar la vista mientras su mente aún luchaba por despertar del todo.
Frente a él se encontraba una joven doncella. No debía tener más de veinticinco años. Cabello castaño recogido con sencillez, ojos color avellana llenos de preocupación, piel clara y rasgos delicados que transmitían una calma forzada. Vestía ropas simples, pero limpias, propias de alguien al servicio de la nobleza.
Lo observaba atentamente, como si temiera que en cualquier momento volviera a perder el conocimiento.
Lenart la miró fijamente.
No la conocía.
Ese pensamiento fue suficiente para que todo se rompiera.
Los recuerdos irrumpieron sin aviso, como una avalancha imposible de detener. Imágenes, sensaciones y emociones que no parecían pertenecer a una sola vida, sino a dos que chocaban violentamente dentro de su mente.
Una calle oscura. Un forcejeo torpe. El miedo. Un destello metálico. El estruendo seco de un disparo.
Dolor.
Frío.
Silencio absoluto.
Y luego... otra vida.
Otra existencia completa se desplegó ante él.
Lenart.
Lenart Menethil.
Tercer hijo del rey Terenas Menethil II, soberano de Lordaeron. El menor de los hermanos. El que nunca fue esperado. El que jamás destacó. El que siempre caminó a la sombra de Arthas Menethil, el príncipe heredero, el orgullo del reino, el hijo perfecto.
Lenart era, en el mejor de los casos, un nombre en la genealogía real.
En el peor, un estorbo.
Las tierras del norte. Una concesión menor entregada con una sonrisa protocolaria. Un castigo disfrazado de honor. Un lugar lejano, frío y sin importancia política.
—¿Joven amo? —insistió la doncella, inclinándose un poco más hacia él—. ¿Se encuentra bien?
Lenart inhaló despacio, obligándose a recuperar el control. Sentía la cabeza pesada, como si alguien hubiera mezclado recuerdos ajenos con los suyos a la fuerza. Le tomó varios segundos ordenar sus pensamientos antes de responder.
—Sí... estoy bien —dijo al fin, con una voz que aún no sentía del todo suya—. Disculpa. ¿Qué decías?
La doncella soltó un suspiro casi imperceptible, claramente aliviada.
—Estamos cerca de su destino, joven amo. Las tierras altas al norte de Alterac. Sus nuevas posesiones, otorgadas por Su Majestad el rey Terenas.
Lenart asintió en silencio.
Así que ya era oficial.
Desvió la mirada hacia la pequeña ventanilla del carruaje. El paisaje comenzaba a cambiar. A lo lejos se distinguía una costa gris azotada por el viento, el mar extendiéndose como una masa oscura e interminable, y más allá, la silueta de una fortaleza antigua recortándose contra el cielo nublado.
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Renací como el Príncipe Olvidado
FantasySinopsis: Lenart Menethil murió en su mundo... y despertó como el tercer hijo olvidado del rey de Lordaeron. Sin talento mágico. Sin bendiciones divinas. Exiliado a una fortaleza costera en las tierras más frías del reino. Pero Lenart guarda un secr...
