"Ella
Y la presión de elegir asiento"
—¡Ya me voy, papi!
La única respuesta de su padre fue un gruñido sordo. Apenas se había levantado; se limitó a observarla en bata, con una taza de café humeante entre las manos y la mirada perdida.
—¡Adiós, Dean! ¡Adiós, Aaron! ¡Adiós, Jesse! ¡Deséenme suerte!
Sus hermanos aún no articulaban palabra. Dean, el mayor, apenas tenía cuatro años y solo lograba hilvanar alguna oración corta de vez en cuando.
Eleanor salió a toda prisa, cruzando el parque de casas móviles. El lugar, con sus unidades oxidadas y parcelas deshabitadas, parecía una ciudad fantasma; pero la emoción del primer día de clases pesaba más que cualquier miedo infantil. Con paso firme, llegó a la entrada del lote justo cuando el enorme monstruo amarillo aparecía a lo lejos.
Mientras el autobús se acercaba, Eleanor se acomodó el atuendo, tratando de calmar los nervios. Las preguntas se agolpaban en su mente: ¿Haría amigos? ¿Estarían todos ansiosos por conocerla? ¿Sería su maestra un hada del bosque o su profesor un dragón disfrazado?
"En el bus del nuevo colegio
Miradas que juzgan tu cuerpo
El miedo a romper el silencio
Sus ojos, sus rizos, su pelo
Su ropa su andar o su peso
Cargada de tantos complejos"
El autobús frenó con un chirrido metálico. Cuando las puertas se abrieron, Eleanor inhaló profundamente, llenando sus pulmones de ese aire limpio de Smallville que todavía le parecía un regalo, y subió los escalones de un salto.
Sin embargo, el entusiasmo se desinfló al primer paso.
El murmullo se extinguió de golpe. Decenas de ojos se clavaron en ella, recorriéndola, pesándola, juzgándola. Buscó un lugar libre; había varios, pero cuando intentó sentarse, las mochilas bloqueaban el espacio como murallas. El calor de la vergüenza trepó por su cuello.
«¿Nadie quiere sentarse conmigo?», pensó con el corazón encogido.
Ya casi llegaba a la última fila cuando un niño, sin decir palabra, retiró su mochila del asiento contiguo. No la miró; mantenía la vista fija en la ventana, tal vez intentando adivinar cuál de todos los tráileres era el de ella. Eleanor se sentó en silencio, con una sonrisa que él no vio, mientras el autobús reanudaba la marcha.
"Y de repente él
Señala a su lado un hueco
Y ella toma asiento"
No intercambiaron palabra alguna durante todo el trayecto.
"Él
No era un 10, tampoco un 0
Acostumbraba a estar en medio
Alto por fuera y pequeño por dentro"
Clark no podía creer que la niña nueva vistiera así. Con esa ropa, parecía llevar un letrero invisible que decía: "Pégame y ríete".
Habían pasado dos días y su atuendo era incluso más extraño que el día anterior: botas amarillas de lluvia bajo un sol radiante, medias azules, jeans rotos y un suéter de colores estridentes que peleaba con el nido de pájaros pelirrojo de su cabeza. «Era valiente», pensó Clark. «O tonta».
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Eleanor & Clark
FanfictionTras una vida marcada por la carencia y el peligro en los callejones de Gotham, los Pérez buscan un nuevo comienzo. Su destino: Un lote abandonado de casas móviles junto a las vías del tren en Smallville, Kansas. Para Eleanor, de ocho años, el cambi...
