Adiós escrito en una noche

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Era una noche oscura, de profunda soledad, de esas en las que los seres sienten los estragos de su día, de esas en las que los pensamientos se sumergen en el hedor amargo del ensueño. Ella por su lado en inmensa oscuridad mira sin cesar el techo de su habitación, su mente vuela a pesar de no distinguir las formas de su entorno
mientras siente la humedad que emerge de sus manos. Nunca se había detenido a pensar en la muerte, pero a su parecer es tranquila, silenciosa, inminente, su mente disvaria y recuerda con claridad cada una de las enseñanzas de la Biblia, esa donde hablan del cielo, del infierno, de un nuevo cielo y una nueva tierra; el techo de su habitación torna un aspecto caleidoscópico y se abre, su cuerpo se vuelve ligero como espuma y se eleva, las nubes se tornan violetas y el ascenso comienza. Mientras sube ve hacia abajo y desea regresar pero aquella experiencia le llena de profundo extasis por lo que su voluntad se doblega, sigue subiendo y el universo se oscurece, de lejos ve la tierra girando con insistencia porque es cierto eso de que la vida continúa, que nadie en esa basta esfera sabe lo que ocurre en su habitación, sus sábanas pintadas con rosas dejan el recuerdo de lo que pudo haber pasado pues su mente se fragmentó como la roca cuando la gota de agua no deja de caer. Se preguntarán, ¿qué ha ocurrido? pero nadie sabe qué desde el mismo instante en que nace su consciencia la tristeza le acompaña y los infortunios de la vida le convierten la carga en una lámina pesada que ya no puede soportar más.
A medida que sube escucha cantos, resulta que las galaxias se acercan a mirarla, su cama ya no es blanca, flota sobre una nebulosa, siente un silencio profundo y huele a flores, siente que la tocan pero no puede ver nada, escucha palabras en un idioma que no logra descifrar, y los seres vivientes que habitan la inmensidad le miran con asombro, sus sensaciones son aveces frías y aveces cálidas, las cortadas le escuecen, le arde la vida misma, se siente mojada en los costados pero es incapaz de moverse.

Y es que hace un mes atrás, creyendo haber encontrado el amor desprotegió su vida, dejando de lado todas sus armaduras con las cuales se protegía y ese fue su más grave error, resulta que Carlos no estaba interesado en hacer parte de sus eternos calendarios y la deja plantada en el altar, días después se entera que ese mismo amor todo el tiempo le mintió y ya tenía familia y hogar.

Ella que se mantuvo siempre perenne a vivir este tipo de fatalidades humanas se entregó sin reserva creyendo que por fin había llegado su momento de vivir lo más hermoso de la vida.

En la inmensidad el arcoíris es una persona, las nubes son seres que bailan a su alrededor y existen todo tipo de animales, a lo lejos ve una luz enceguecedora, la famosa luz al final del túnel, se acerca y entre más lo hace desfallece su ser, siente mucho sueño y apenas puede mover sus ojos, escucha a lo lejos una voz femenina que dice 'ya llegué a casa' y con el estruendo de un grito, una puerta, una mujer preguntándose el porqué de la fatalidad de esos actos, el desespero de un ser que ya nada puede hacer porque sabe que no hay vuelta atrás, ha pasado demasiado tiempo. Sus muñecas están cortadas de forma transversal y el líquido rojo que le da la vida se ha derramado sobre sus sábanas inmaculadas, la escena pese a ser desgarradora tiene cierto atisbo de belleza, de majestuosidad. La muerte en cada una de sus manifestaciones otorga tranquilidad, reviste a los seres de aquella sencillez que les rodea, recordándoles que todo lo que obtienen del basto mundo no es más que banalidad porque al final todos perecen, así como ella, que ya había atravesado el túnel, escuchaba a lo lejos los alaridos desgarradores de su madre pero ya no siente nada, con voz entrecortada intenta pedir ayuda, arrepentirse, echar hacia atrás el cruel destino pero ya es tarde. Se esfuma con el aire, se convierte en nube, inconscientemente danza alrededor de un árbol y en medio del mismo ve su mundo, se condena a ver a quienes ama viviendo su vida porque al final, la tierra sigue su rumbo y nadie se detiene.

Adiós escrito en una nocheHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora